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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Breñeros dan glorioso escarmiento a chilenos en la Batalla de Concepción


redactor: Víctor Alvarado
El mismo 09 de julio de 1882, en que la III Columna del Ejército del Centro, al mando de Andrés Avelino Cáceres, en maniobra envolvente eliminó a más de 200 invasores en Marcavalle y Pucará, la I Columna, jefaturada por el coronel Juan Gastó, siguiendo el plan diseñado por el "Brujo de los Andes", cayó en la tarde sobre Concepción para aplastar a los invasores, dirigidos por el capitán chileno Ignacio Carrera Pinto, sobrino del presidente Aníbal Pinto, el iniciador de la invasión chilena.
Gastó lanzó las acciones durante el día 09 y continuadas el día 10 por el jefe guerrillero Ambrosio Salazar. El regimiento de Pinto esperaba en esta plaza al coronel Estanislao del Canto, jefe de la expedición chilena, para fugar juntos de regreso a Lima. A continuación, leamos las memorias del propio Cáceres sobre el asalto patriota a Concepción, que significó la eliminación de un regimiento de 76 invasores, entre ellos el propio Carrera Pinto:"Aquel mismo día, alrededor de las tres de la tarde, las fuerzas del coronel Gastó atacaron al destacamento chileno acantonado en Concepción: una compañía del batallón Chacabuco".
"Los chilenos no habían advertido la marcha de los nuestros por las alturas. Mas, al avistarlos, cuando ya descendían por las agrias laderas, corrieron a apostarse en las bocacalles de la plaza. Y allí opusieron obstinada resistencia a las primeras acometidas de los guerrilleros, causando a estos numerosas bajas, pero sin lograr rechazarlos. Al contrario, abrumados luego por las reiteradas embestidas guerrilleras, retrocedieron precipitadamente a guarecerse en un antiguo caserón conventual, donde también acuartelaban.
"Y, parapetados en el soportal del derruido edificio y ventanas de la contigua iglesia, renovaron porfiada resistencia. Y aunque su nutrido y certero fuego de fusilería producía terribles estragos en las filas de los asaltantes, estos, incesantemente reforzados, mantenían su impulso arrollador; y la lucha cobraba, por momentos, feroz encarnizamiento.
"Extinguiéndose ya el día comenzó a declinar también la refriega. Pero el improvisado reducto estaba ya completamente cercado. A pesar de todo, el enemigo continuó defendiéndose con inaudita fiereza, hasta que la niebla y la oscuridad envolviendo el campo tornó la brega en intermitente tiroteo.
"Y así, ambos adversarios, con el alma en vilo, se mantuvieron en acecho toda la luctuosa noche, hasta que poco antes de amanecer del 10 de julio, los guerrilleros, testigos y víctimas de los crueles atropellos, saqueos, violaciones e incendios de los chilenos, les dieron un furioso asalto, del cual no se salvó ni uno solo de los 76 hombres que componían el destacamento enemigo.
Retirada de la división de Del Canto
"El día 10 reanudé la marcha sobre Huancayo, resuelto a continuar la lucha; pero Del Canto había evacuado ya la población, dirigiéndose a Jauja. El enemigo, en su fuga, incendió los pueblos de Concepción, Matahuasi, Matamalzo, Ataura y San Lorenzo, asesinando al paso a multitud de indefensos pobladores.
"Al retirarse de Jauja los chilenos, se disponían a saquear la ciudad, cuando de improviso les cayeron los guerrilleros de Concepción; por lo cual, sin tiempo para realizar sus fechorías dejaron la población y se encaminaron a Tarma.
"El 15, por la noche, después de un ligero encuentro entre las guerrillas de nuestra vanguardia con la retaguardia enemiga, cuyo grueso se hallaba ya en Tarma, llegué a Tarmatambo, una legua distante de aquella ciudad.
"Este era el momento propicio para lanzar un ataque resolvente con el grueso de mis fuerzas, y así lo concebí al instante. Pero, juzgando en seguida que un combate reñido en tales condiciones iba a traer como consecuencia la destrucción de la ciudad, opté por asediar al enemigo, cerrándole todas las avenidas y obligándole a hacer frente a los amagos e incursiones de los guerrilleros. Por otra parte, no me daba prisa en atacarle esperando el aviso del coronel (Manuel Máximo)Tafur, (al mando de la II Columna del Ejército del Centro) de haber cortado el puente de La Oroya.
"El día 16 envié un pequeño destacamento por las alturas de San Juan de la Cruz que dominan la ciudad de Tarma por el noreste, donde enzarzó en gresca con un destacamento contrario, al que causó algunas bajas, haciéndole retroceder hacia la población.
"Luego ordené marchar hacia Acobamba, a dos leguas al norte de Tarma, a un destacamento de guerrilleros que, unido a los de aquel pueblo, debía cerrar también el paso al enemigo, el cual hasta el día 17 permanecía en la ciudad, sin dar señas del propósito de abandonarla. En la tarde del mismo día, dispuse que la segunda división y el destacamento guerrillero de San Jerónimo fueran a ocupar las alturas que dominan Tarma, sobre el camino que sale por La Oroya. Avisados los chilenos de la presencia de estas fuerzas en dichas alturas, midieron el inminente peligro de que fuera cortada su retirada hacia Lima.
"Y emprendieron la fuga inmediatamente, en la noche del 17, tomando las mayores precauciones para no ser sentidos. Fue la tal retirada favorecida no solo por las sombras de la noche, sino también por la densa neblina que en la mañana del 18 cubría la campiña, impidiendo distinguir los sitios en donde instalaban los días anteriores sus puestos avanzados. De otra suerte, hubiérase advertido la ausencia de tales puestos en la madrugada misma del 18 y se habría practicado un reconocimiento a fondo hasta la ciudad y dispuesto la persecución. Los escuchas apostados en las alturas que bordean el angosto y hondonado camino, tapizado de nieve, por el cual se deslizaban furtivamente las tropas enemigas, no pudieron verlas ni menos oír el paso de su silente marcha nocturna.
"Se ignoró pues, la escapada de los chilenos hasta eso de las siete de la mañana, en que disipándose ya un tanto la niebla, se me dio el consiguiente parte. Inmediatamente con lo más escogido de mis tropas y destacamentos guerrilleros, emprendí la marcha en su seguimiento. Creí alcanzarle en La Oroya y allí batirle. Pero al llegar jadeante a dicho lugar, ya Del Canto había cruzado el puente, haciéndole volar en seguida, para asegurar su retirada. (NdeR: Tafur debía haber llegado primero para volar el puente e impedir la fuga de Del Canto, pero llegó tarde).



"Tafur no había cumplido la misión que se le encomendó, y el puente de La Oroya quedó libre para el paso de los chilenos.
"Mi propósito de encerrar a la división de Del Canto en el valle del Mantaro y destruirla, habíase, por cierto frustrado.
"Sin embargo, se consiguió expulsar al enemigo del departamento de Junín, tras infligirle una serie de derrotas (Marcavalle, Pucará, Concepción) y acosarle durante nueve días consecutivos (desde Marcavalle hasta Tarma), sin dejarle punto de reposo.
"En cuanto al proyecto operativo propiamente tal, no obstante su magnitud y la desproporción de tropas regulares con respecto a las del enemigo, habría alcanzado el éxito deseado, de no haber ocurrido el infortunado contratiempo de Tafur.
"La atropellada retirada de la división chilena tuvo todos los caracteres de una desastrosa fuga. Perdió mucha gente y dejó abandonados por doquier rifles, municiones y equipos, así como ganado vacuno y bestias de silla y de carga; todo lo cual fue recogido por los nuestros y oportunamente aprovechado.
"Siéndome imposible seguir adelante, regresé a Tarma, donde asenté mi cuartel general, deplorando que mi plan concertado en Izcuchaca e iniciado con tan halagüeñas perspectivas, no llegase a su cabal realización.
"Luego hube de dedicarme a la tarea de reorganizar mi diezmado ejército, que ya no sumaba sino 890 hombres de tropa regular y 500 guerrilleros.
"La indignación contra los chilenos cobró considerable incremento e intensidad entre los naturales de los pueblos comarcanos, a causa de los atroces crímenes que aquellos cometieron durante su fuga a Lima. La huella de su paso estaba tétricamente señalada por la multitud de cadáveres de pacíficos e inermes pobladores, cruelmente victimados, y por las violaciones, la depredación y el saqueo. Y por todas partes surgían guerrilleros, dispuestos a luchar sin cuartel contra el odiado invasor".


Leonor Ordóñez opone fiero combate a invasores en Jauja

Una mujer andina que supo erigirse en guerrillera heroica fue la jaujina Leonor Ordóñez Surichaqui (1837-1882), luego de haber vivido en carne propia la experiencia militar de la defensa de Lima, en las batallas de San Juan y Miraflores (13 enero 1881), donde participó como "rabona" de su esposo, el soldado quechuahablante Felipe Vilcahuamán, a quien vio morir "repasado"en el campo de batalla por las bayonetas de las hordas invasoras y dio una improvisada sepultura.
La futura guerrillera de Huancani (Jauja) aprendió en el campo de batalla las elementales reglas de la guerra de resistencia y luego de la derrota en San Juan y Miraflores emprendió retorno a su tierra, con la idea fija de participar en acciones de resistencia contra los invasores, lo que hizo realidad luego de conocer que el general Andrés Avelino Cáceres, se había trasladado al Valle del Mantaro para iniciar una guerra de resistencia contra los invasores.
Las fuerzas chilenas de ocupación, al enterarse de la presencia de Cáceres en Valle del Mantaro y de que estaba organizando la resistencia, disponen el envío de la primera expedición al mando del coronel chileno Estanislao del Canto, para eliminarlo y a la par, imponer "cupos de guerra" consistente en ganado, principalmente reses y caballos, cosechas, joyas y dinero e incluso la entrega de doncellas para satisfacer la lascivia de sus soldados. Del Canto terminaría meses después expulsado del Valle del Mantaro.
En Huancani
Los pueblos del Valle del Mantaro no dudaron en responder positivamente al llamado del "León de la Breña" y en todas las localidades se alistaron columnas para conformar el naciente Ejército del Centro y salir al encuentro de los depredadores.
Uno de estos pueblos fue Huaripampa (Jauja), donde el párroco Buenventura Mendoza, tomó la iniciativa de convocar a los habitantes de los pueblos de la zona a organizarse para resistir a los depredadores, que se sabían estaban realizando incursiones en toda la región para imponer "cupos de guerra" a sus habitantes.
Leonor Ordóñez residía en el vecino distrito de Huancani, también ubicado en Jauja, y al conocer el llamado de cura Mendoza, con el apoyo del agente municipal Norberto Santos y del teniente gobernador León García, formó una columna de 41 jinetes que pelearían por primera vez como guerrilleros.
Los historiadores jaujinos recuerdan que ante las noticias de la inminente incursión de la expedición de Estanislao del Canto, Ordóñez reunió al pueblo a una asamblea pública, donde los instó a organizarse en una unidad guerrillera para combatir a los invasores que se encontraban en camino.
"Compoblanos, la hora ha llegado de vengar los asesinatos y robos cometido por estos miserables forasteros contra los bienes y las propiedades de nuestros hermanos en nuestra región", les dijo en medio de los gritos "Viva el Tayta Cáceres" y"Muerte a los invasores".
El combate
Ordóñez consiguió de rodearse de 40 guerrilleros jóvenes, entre ellos cinco mujeres, decididos a enfrentarse a los invasores, y dispuso que los niños, ancianos y mujeres que no se encontraban en aptitud combativa, sean reubicados en lugares alejados y seguros para evitar que sean víctimas de la barbarie de los invasores.
Los patriotas en realidad carecían de fusiles de guerra y excepcionalmente tenían algunas escopetas. Sus armas de combate estaban conformadas principalmente por lanzas, hondas, palos y rejones, encaminándose al combate en medio de antiguos cánticos guerreros.
El 22 de abril de 1882, en horas de la tarde, salieron de Huancaní con dirección a Huaripampa, ubicada a pocos kilómetros de distancia, para ponerse a órdenes del cura Buenaventura Mendoza. Al encontrarse su columna a la altura de Antoshpampa divisaron al regimiento de invasores, al mando del coronel chileno Gutiérrez que venían por la ruta de Atishi.
La columna invasora estaba conformada por 400 soldados, distribuidos en 04 compañías de infantes, una de caballería y dos cañones Krupp.
Los breñeros se dispusieron a atacarlos sorpresa y cuando los tuvieron cerca, el corneta Pedro Tiza, por orden de Ordóñez, tocó la ronca orden musical de combatir y se lanzaron al ataque.
Holocausto
Los invasores no duraron en usar sus cañones para neutralizar a los combatientes. Pero, estos lejos de espantarse por las explosiones se lanzaron de lleno a dispararles con sus escopetas y atacarlos con sus lanzas, machetes y rejones.
Los combatientes fueron puestos fuera de combate. Un grupo sobreviviente, con Ordóñez a la cabeza siguió en guerreando a pesar de que era evidente que no tenían ninguna posibilidad de revertir la situación. Leonor Ordóñez fue tomada prisionera, sometida a torturas y presionada a desertar y hacer filas entre los invasores, y ante cada exigencia, ella contestaba: "Viva el Perú".
El depredador dio la orden de su fusilamiento. La combatiente, de pie, sin mostrar signos de arrepentimiento, gritó por última vez:"Viva el Perú", mientras la descarga de los fusiles derrumbaban su pequeña humanidad.
Los invasores, en represalia, arrasaron Huancaní. La iglesia y la agencia municipal fueron saqueados e incendiados, seguidamente hicieron lo mismo con las viviendas del pueblo y luego se trasladaron al pueblo de Sincos donde reprodujeron sus acciones de pillaje.
En memoria de Leonor Ordóñez, el antiguo distrito de Huancani, donde nació y guerreó contra los invasores chilenos, fue rebautizado con su nombre. La ley número 410 emitida por el gobierno del presidente Augusto B. Leguía, el 20 de setiembre de 1920, reconoce su heroicidad y muerte en combate y ordenó el traslado de sus restos mortales en la Cripta de los Héroes, a donde fueron conducidos recién en 1988.


Heroicidad del cura peruano Buenaventura Mendoza en Huaripampa
En el mismo 22 de abril de 1882, la expedición chilena invasora, antes de arrasar con la columna de Leonor Ordóñez, había puesto fuera de combate a 20 jinetes de la columna del sacerdote Buenaventura Mendoza en Huripampa, luego de tres horas de combate.
Mendoza sobrevivió herido en una loma, donde se atrincheró, pero fue cercado y finalmente capturado vivo. El propio coronel chileno Gutiérrez se encargó de torturarlo y de intimarlo a dar vivas a Chile a cambio de perdonarle la vida. Pero Mendoza desafiante le gritó en pleno rostro: "Viva el Perú, mueran los invasores". Fue puesto de pie y fusilado.
Los sobrevivientes que se habían refugiado en las alturas, bajaron y reunieron los cadáveres de sus compañeros caídos y les dieron sepultura en el mismo Huancani.
Los historiógrafos han establecido que los resistentes de Huaripampa encabezados por el sacerdote Buenaventura Mendoza, fueron sobrepasados por la superioridad bélica de la división enemiga, compuesto de 400 soldados organizados en cuatro compañía de infantes, una de caballería y dos cañones "Krupp".
La actividad depredadora de la expedición invasora ocurrió cuando el general Andrés Avelino Cáceres aún no terminaba de constituir el Ejército del Centro. El "Tayta", apenas culminó esta tarea, lanzó una contraofensiva contra Del Canto y lo castigó duramente, tres meses después, en las batallas de Marcavalle, Pucará y Concepción. Lamentablemente, no existen registros fotográficos de las imágenes de Leonor Ordóñez y Buenaventura Mendoza, excepto representaciones pictóricas, en realidad bastante modestas.

Heroína Joaquina Ávila de Lindo murió en combate arma en mano



Redactor: Víctor Alvarado
El 18 de abril de 1882, cuatro días antes de la inmolación de la jefa guerrillera Leonor Ordóñez Surichaqui y los patriotas que la acompañaban, tuvo lugar en las pampas de Huyuycan y Piracato, distrito de Sicaya (Huancayo), en el valle del Mantaro, una memorable batalla de la resistencia andina encabezada por el coronel Vicente Samaniego y la guerrillera Joaquina Ávila viuda de Lindo, y sus tres hijos contra la expedición chilena invasora del coronel Estanislao del Canto.
Los combatientes quechuahablantes opusieron una cruenta resistencia para impedir el ingreso del regimiento chileno, conformado por 800 soldados, al Valle del Mantaro, quienes tenían la misión de imponer los llamados "cupos de guerra" y eliminar al naciente Ejército del Centro, en esos días en plena organización por el general Andrés Avelino Cáceres, pero fueron finalmente arrasados.
En la víspera de este desenlace, los patriotas, habían sido convocados por el teniente José Gavino Esponda Tassa, perteneciente al Ejército del Centro, enviado por el general Andrés Avelino Cáceres, para organizar la resistencia guerrillera en el Valle del Mantaro.
Destrucción de puentes
Hasta antes de este fatídico encuentro bélico, ya se tenían varios batallones y más aún, ya habían ejecutado exitosamente la destrucción de tres puentes para trabar el desplazamiento de los invasores: el puente La Mejorada (hoy La Breña), el puente Chongos y el puente de Huaripampa.
En la destrucción del puente La Mejorada intervinieron los hermanos, experimentados armeros, Eulogio y Nicéforo Leyva y un niño de 13 años, Vicente Gutarra, aceptado por su insistencia como voluntario y que ayudaría decisivamente en la tarea de romper, en horas de la media noche, con comba y cincel, uno de los extremos del puente y conseguir que esta se precipite al río Mantaro.
Una patrulla chilena, emplazada en el otro extremo, alcanzó tardíamente a darse cuenta de la operación y disparar contra los guerrilleros, pero estos consiguieron eludir los disparos y salir rampando del área de peligro.
Los resistentes, al amparo de la oscuridad y camuflados con ponchos campesinos cruzaron el puente Viso sobre el río Cunas, ubicado en el límite de Pilcomayo y Huamanqaqa Chico, y no bien terminaron de trasponer el puente fueron sorprendidos por un patrulla chilena y hechos prisioneros.
La batalla
En la noche del desastre patriota del 18 de abril, el estado mayor del Batallón Libres de Sicaya conformado por el coronel Vicente Samaniego, los capitanes Tomás Gutarra Solís y Enrique Rosado Zárate y el teniente José Gavino Esponda Tassa, resolvieron trasladarse a Chongos Bajo para unirse al Batallón Los Emponchados del Alto Cunas, liderado por Ceferino Aliaga, y juntos enfrentar a los invasores.
Los historiadores sicaínos recuerdan que el Batallón Libres de Sicaya salió al encuentro de la columna invasora, produciéndose el choque en las Pampas de Huyucan y Pirataco.
Los sobrevivientes de esta gloriosa jornada guerrillera recuerdan que Ávila minutos antes de sostener el choque con los invasores, alentó a sus combatientes con la siguiente proclama: "¡Adelante valientes sicaínos!, morir defendiendo nuestra patria es más glorioso que permitir en Huancayo la presencia del enemigo invasor".
Inmolación
Junto a ella cayeron sus tres hijos, así como Felipe Esponda Tassa, hermano del teniente José Gavino Esponda, uno de los líderes de la resistencia sicaína; sargento primero Alejandro Castillo, vencedor de Tarapacá, Higinio Chihuán, Manuel Cuadros, Basilio Jiménez, Felix Lazo y Pablo Maraví, entre otros.
Los principales jefes del Batallón Libres de Sicaya fueron capturados vivos. Las columnas de los invasores, con sus preciados trofeos de guerra ingresaron a su cuartel improvisado en Huancayo con el nombre de "Chacabuco", donde de inmediato los sometieron a torturas para obligarlos a que delaten a los integrantes de la resistencia, lo que no consiguieron.
Luego de un juicio sumario, el coronel Vicente Samaniego, los capitanes Tomás Gutarra Solís y Enrique Rosado Zárate, líderes del Batallón Libres de Sicaya fueron condenados a muerte, con excepción de Esponda, por encontrarse herido de bala.
Los torturadores se ensañaron particularmente con Samaniego, por ser el jefe de los guerrilleros de esta zona del Valle del Mantaro, al que le ofrecieron perdonarle a cambio de la rendición del Batallón Libres de Sicaya.
Samaniego
Los historiadores huancas ha registrado que Samaniego les respondió: "Nosotros como ellos (los caídos en Huyucan y Piracato), debemos morir peleando, ustedes harían igual viendo su suelo mancillado".
Los condenados a muerte fueron confesados por el sacerdote José María Ráez, y al ser conducidos al cadalso, según los historiadores huancaínos protagonizaron dos escenas patrióticas inolvidables.
El primero se suscitó, el 22 de abril de 1882, fecha fijada para la ejecución, los condenados fueron llevados desde el cuartel Chacabuco por la antigua calle Real de Huancayo hasta la plaza Huamanmarca (hoy Centro Cívico).
A la altura de la plaza Constitución, un jefe chileno ensayó un saludo a Samaniego y este le apostrofó: "Con qué derecho se permite un jefe chileno saludar a un soldado peruano!" El segundo tuvo lugar en la plaza Huamanmarca, cercada por los 800 soldados del regimiento enemigo. Un jefe invasor advirtió que no se tolerarían expresiones a favor de los condenados y quien lo haga sería pasado por las armas.
Fusilados
Aún en su celda, el capitán Rosado, uno de los condenados, le pidió al teniente Esponda, que no sería fusilado por encontrarse herido:"‘Teniente, entregue este poncho a mi querida hermana Santosa y dígale que he muerto fusilado en defensa de la patria".
Luego de ser sacados de sus celdas y colocados frente al pelotón de fusilamiento, los condenados son vendados y obligados a sentarse para ser fusilados. Pero, el capitán Rosado les increpa: "Un peruano no muere sentado ni vendado, sino de pie y descubierto. Quedan otros como yo que sabrán vengar mi sangre. ¡Viva el Perú!... ¡Muera Chile!".
Nueve soldados, escogidos para conformar el pelotón, descargaron sus fusiles sobre los pechos de los tres patriotas sicaínos, transformados desde esa fecha en paradigmas de los pueblos del Valle del Mantaro. 
En la Cripta de los Héroes
Los restos de la heroína de la Campaña de la Breña, Joaquina Ávila de Lindo, fueron exhumados el 15 de abril del 2009, con motivo de la conmemoración del 127 aniversario de su inmolación en las Pampas de Huyuycan y Piracato, y una semana después, el 22 de abril, trasladados a la Cripta de los Héroes de Sicaya, donde reposan hasta la fecha.



María Olinda Reyes, la “rabona” que alcanzó el grado de capitán


redactor: Víctor Alvarado
Una "rabona" combatiente recordada en la historia es María Olinda Reyes, conocida como "Marta La Cantinera", de quien se sabe integró la resistencia contra la invasión chilena en Chincha, en una época que también combatía en esa zona la peruana afrodescendiente Catalina Buendía de Pecho, quien envenenó a un jefe chileno invasor y pagó con su vida su valiente osadía.
El mote de "Marta, La Cantinera", provenía de su época de adolescente en que había trabajado en una cantina y así era conocida durante su participación en la resistencia contra los invasores.
María Olinda Reyes también era afrodescendiente, sumamente atractiva y con atributos de lideresa. Al término de la invasión militar chilena se enroló en 1895, en las filas pierolistas para participar en la guerra civil contra Cáceres, cuando el primero ejercía su segundo gobierno (1894- 1895), donde fue herida en una pierna, lo que le permitió obtener el grado de capitana.
El historiador José Respaldiza la han descrito como "una mulata de estatura un poquito más alta del común de nuestras mujeres, grandes ojos negros de mirada arrobadora, cintura de tentación (…) enérgica, de rápidas decisiones y a veces un poco intrépida".
Tradición oral
Los historiógrafos en general han recogido de la tradición oral una antigua marinera que era profusamente cantada, donde la mencionaban: "Muchachos/ vamos a Lima/ que viene la montonera con Felipe Santiago Oré y Marta la cantinera".
Cabe aclarar, que sí existe registro de su participación en la resistencia patriota contra la ocupación chilena en Chincha (Ica) y allí mismo, en plena ocupación chilena (1881- 1884), se enroló entre las montoneras pierolistas que complotaban contra el gobierno provisional de Francisco García Calderón.
Recuérdese que Piérola mantuvo siempre una conducta doble durante la ocupación chilena, pues por un lado aparecía luchando contra los invasores, por el otro sostenía contubernios con ellos.
Esto torcida conducta de Piérola explica su oposición a García Calderón, quién ha pasado a la historia por negarse a firmar una paz con entrega de territorios, a causa de lo cual fue apresado y confinado en el sur de Chile.
Guerra civil
Recordemos que luego del gobierno entreguista de Miguel Iglesias, se inició un período de inestabilidad política seguido de una guerra civil.
Cáceres fue elegido para desempeñarse en un primer gobierno entre 1886- 1890, y luego para ejercer un segundo en 1894 en un proceso electoral duramente cuestionado y con una oposición exacerbada por la grave crisis económica a la que había ingresado el país desde el saqueo de que fue objeto el país por parte de los invasores chilenos.
El Cáceres, guerrero aclamado y amado durante la guerra de resistencia pasó a ser un presidente odiado y vilipendiado. Las sátiras contra su persona se convirtieron en el pan de cada día, como lo recuerda un vals de antaño que se cantaban preferencialmente en las cantinas: "Si ese tuerto bandido muriera/ y muriera también la Melón,/ el Perú levantara la frente/ que le cubre ignominia y baldón/ ¡ Viva Piérola! gritan los pueblos/ con Oré, Seminario y Durand, / se han unido el Civil y el Demócrata/ por la patria y por la libertad".
Hasta que la conspiración anticacerista llegó a su clímax. En la mañana del 17 de marzo de 1895, un ejército montonero con Nicolás de Piérola a la cabeza, entró por la Portada de Cocharcas, arrasó con las montoneras caceristas hasta situarse en la Plazuela del Teatro donde instalaron su cuartel general.
Toma de Lima
Los historiadores recuerda que la columna de vanguardia, que ingresó por la antigua hacienda San Borja, al mando del coronel Felipe Santiago Oré, tenía como lugartenientes a su hija "La Goya Oré" y a "Marta La Cantinera".
La columna se proponía capturar la torre de Santo Domingo, donde un soldado cacerista les impedía el paso con fuego nutrido. Marta La Cantinera, sorprendió a todos, al resolver audazmente "rampar"por el piso para arrastrarse a una posición donde podía tener en la mira de su fusil al defensor de la torre.
El historiador José Respaldiza repasa esos momentos: "En eso sus compañeros se dan cuenta que el francotirador observa un movimiento y dirige su fusil, y le advierten a Marta:"¡¡Cuidado!!".
"Ella hace rodar su cuerpo hasta chocar con la pared. Se pone de pie en el preciso instante que una bala cae en el lugar donde antes estuvo su cuerpo. Camina con lentitud hasta poner al francotirador en su mira. Entonces suena una bala que le cae en una pierna, ella no se mueve, jala el gatillo y francotirador abajo".
Gracias a esta proeza de Marta, la montonera ocupó la torre de Santo Domingo y ella obtendría inmediatamente el grado de capitana. Cáceres, derrotado, transa con Piérola, y dan paso a una junta de gobierno encargada de convocar nuevas elecciones, en la que fue elegido presidente, Manuel Candamo, y luego de este, Piérola haría realidad sus ambiciones de volver de nuevo al gobierno.
Evocación de las “rabonas”

El gran geógrafo e investigador británico sir Clements R. Markham, autor de la celebérrima obra "La guerra entre el Perú y Chile", publicada en Londres en 1881, considerado un libro capital sobre la invasión militar chilena lanzada contra el Perú, recuerda a las rabonas: "(…) Estas fieles y sufridas criaturas siguen a los ejércitos en sus largas y fatigosas marchas, llevando las mochilas y utensilios de cocina, carga que a veces agrava el peso de un niño de pecho. (…) En el combate se le ve atendiendo a los heridos, satisfaciendo sus necesidades y mitigando el sufrimiento de la sed intensa. (...)Otras veces, puede vérsela buscando el yacente cadáver de su amado e imprimiendo en sus labios el último beso, indiferente a las balas que silban en su derredor."

Heroína iqueña Catalina Buendía de Pecho envenenó al enemigo y pagó con su vida


redactor: Víctor Alvarado
El ejemplo de las heroínas de la Campaña de la Breña liderada por Cáceres, que terminó abruptamente con la derrota gloriosa de la Batalla de Huamachuco (10 de julio de 1883), a causa de la traición del general Miguel Iglesias y su mentor, el presidente Nicolás de Piérola, tuvo un epígono en los tramos finales de la ocupación chilena, en Catalina Buendía de Pecho, una mujer afroperuana protagonista de uno de los últimos focos de resistencia armada, que terminó con su fusilamiento.
Los invasores suscribieron el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883, merced al entreguismo del general Miguel Iglesias, por el cual se apropiaban de Tarapacá y tomaban en rehenes a las provincias de Arica y Tacna, pero no se fueron inmediatamente del Perú, sino permanecieron en el país hasta 1884 con la finalidad de aplastar los focos de resistencia patriota que el general Cáceres pretendía activar y asegurarle a su cómplice, el llamado "presidente regenerador" Miguel Iglesias, un gobierno sin opositores armados.
Su inmolación tuvo lugar el 20 de noviembre de 1883, es decir un mes después de la firma del Tratado de Ancón, luego de haber sido derrotada en un combate contra las fuerzas militares de ocupación e desarrollado un parlamento con el vencedor, al que en señal de reconocimiento, le hizo un brindis de chicha envenenada, que causó estragos en las filas del invasor.
Resistencia en acción
Este capítulo ha sido escasamente desarrollado en nuestra historia sobre la guerra del guano y salitre –impropiamente llamada guerra del Pacífico- excepto por algunos iqueños, como Jaime Uribe Rocha(http://reportperu.wordpress.com/2011/11/17/heroina-de-ebano-de-la-guerra-con-chile-1879-1883) , gracias a cuya investigación se conoce sobre la breve vida y trayectoria de la heroína afroperuana.
La heroína estaba dedicada a la agricultura, particularmente a la producción de algodón, pallares y también por supuesto a complotar contra los invasores.
Pronto, luego de la derrota de Huamachuco, y ante los insistentes intentos de Cáceres para reactivar la resistencia, Catalina Buendía con sus propios recursos procedentes de su hogar formado con el agricultor José de la Rosa Pecho.
La heroína improvisó un ejército irregular y con armas improvisadas se dispuso esperar a los invasores que permanecían en el país con el propósito de "pacificarlo", como se había comprometido a hacerlo con el traidor "presidente regenerador Miguel Iglesias.
La resistencia antichilena era muy activa en Ica. Los hacendados lo habían hecho saber al aun "gobierno de ocupación", liderado por Iglesias y era inminente que las tropas de ocupación irrumpieran en Ica, como en efecto ocurrió.
La batalla
El 20 de noviembre de 1883, con el enemigo en suelo iqueño, Catalina Buendía de Pecho, con sus huestes se atrincheró en el cerro de Los Molinos. Los enemigos, con evidente superioridad numérica en armas y hombres, fueron a su encuentro Los invasores se habían impuesto la obligación de eliminar la resistencia iqueña que se había emplazado en el territorio de San José de los Molinos, un pueblo que se levanta hasta hoy al borde del río del mismo nombre, porque era el único paso para el ingreso a los pueblos andinos Los varones bajo su mando, evoca Uribe Roche, construyeron fortines y zanjas, mientras las mujeres colaboraban en armar sacos de arena para levantar improvisadas trincheras en lo que sería la línea principal de resistencia. Y no faltaba, el aporte de los niños, encargados del traslado de la refrescante "chicha de jora" que calmaría la abrazadora sed del mediodía.
Los pormenores de la batalla se desconocen y solo se sabe del colofón, los invasores diezmaron a los resistentes. Catalina se negaba a rendirse y consciente de la debacle, salió de las trincheras blandiendo una improvisada bandera blanca y gritó a sus atacantes "Queremos paz honrosa! ¡No más sangre!" La rendición El jefe de los invasores dio orden de detener el fuego y la convocó a acercarse hasta sus posiciones. Cuando Catalina lo tuve enfrente, le pidió aceptar una rendición honrosa: "No queremos un sacrificio inútil, queremos una paz honrosa y el respeto de la vida de nuestro pueblo".
Recuerda el historiador Jaime Uribe que el jefe de las tropas chilenas acogió sus palabras y le pidió que haga bajar a sus combatientes del cerro a rendirse, desde donde habían presentado batalla, y estos al llamado de Catalina, bajaron y se emplazaron frente al la posición del jefe de los invasores y cuando este los tuvo en su frente, exclamó "Chilenos, la fuerza es el derecho de los pueblos: la muerte, a lo que los pueblos débiles tienen derecho. Enseñad a esta gente cómo debieron conquistar el suyo".
Seguidamente, los fusiles de los invasores vomitaron fueron y arrasaron con los resistentes rendidos.
Prosigue Uribe: "Concluido el ataque a mansalva, el comandante chileno volvió a dirigirse a la enviada diciéndole:"Solo los emisarios de paz, tienen derecho a que se les respete la vida. Di si te rindes incondicionalmente", ante lo cual resignadamente, contestó: "Señor, tu poder es grande y cierto, error de vuestro pueblo fue osar desafiarte, lo que nos obliga a rendirte tributo y quiero que me permitas ofrecerte el mío".
Brindis mortal
Catalina Buendía, en un gesto atrevido, pidió al jefe invasor sellar este improvisado acuerdo de rendición de sus fuerzas con un brindis, ofreciéndole "una gorda limeta con la apreciada chicha de jora". Pero, el jefe invasor, advertido por experiencias anteriores de las tropas de ocupación, en que más de una vez fueron envenenados, le pidió que ella beba primero.
Catalina Buendía sabía que la bebida estaba envenenada con semillas de la fruta piñón y no dudó en hacer el brindis. Alzó la vasija y bebió hasta el último grumo de la chicha. El jefe invasor, convencido de que no era una trampa, hizo un brindis y más aún pasó el recipiente a sus acompañantes.
Pero luego se produjeron los estragos, el jefe chileno se desplomó entre estertores y la exclamación general de los invasores fue: "La chicha está envenenada". Todos los que habían bebido caían al piso en medio de convulsiones. Pero no solo ellos, Catalina Buendía, también rodó por los suelos.
Los invasores, enloquecidos por la trampa de que habían sido objeto, descargaron sobre ella sus fusiles, rematándola. 
El “piñón”

La chicha envenenada que Catalina Buendía de Pecho dio de beber al enemigo y que también se vio obligada a ingerir, fue elaborada con una fruta originaria del lugar llamada "Piñón", que hasta la fecha existe como planta silvestre en el distrito San José de los Molinos, distrito cerca a la "Bocatoma", lugar donde inicia la Achirana del Inca Pachacutec.

martes, 4 de marzo de 2014

Combate de Sierralumi

Ernesto Linares Mascaro
El motivo para escribir este artículo es que hoy se recuerda el combate de Sierralumi, un triunfo peruano que tuvimos en el lejano 1882 durante la Guerra con Chile. La importancia del combate radica en que el ejército chileno no fue vencido por el ejército peruano, sino por un grupo de pobladores unidos por amor a la patria.
sierralumi
Sierralumi
 Yo he estado en el lugar del combate y es uno de los lugares más bellos que he visitado, tanto así que creo necesario promocionar un recorrido turístico a Sierralumi -lugar conocido por sus pequeñas cascadas que caen desde las alturas-, al vecino pueblo de Comas y el recorrido desde la ciudad de Concepción hasta Sierralumi, pues todo ese camino muestra lo mejor del paisaje andino, como la laguna de Pomacocha (4,484 msnm). El camino es una via bien asfaltada que parte desde Concepción (al norte de Huancayo) y llega a Satipo. Comas está a una hora de Concepción.
ruta Concepcion Sierralumi
Uno de los paisajes en la ruta Concepción - Sierralumi

laguna Pomacocha
Laguna Pomacocha
El ejército chileno había invadido el departamento de Junín a inicios de 1882. El ejército del general Andrés A. Cáceres se había retirado a Ayacucho, tras vencer a los chilenos en el combate de Pucará (05/02/1882), ocupando los chilenos las poblaciones desde Cerro de Pasco hasta Huancayo.
El lugar del combate, Sierralumi, es un desfiladero en donde había un angosto camino de herradura, por donde pasó la expedición chilena montada a caballo. Los peruanos atacaron a los chilenos desde las alturas arrojando piedras (galgas), venciéndolos. Yo pienso que las piedras no fueron de gran tamaño, sino de un tamaño regular como para ser piedras lanzadas con la mano, pues en la zona no encuentro piedras de un tamaño como para ser rodadas.
Una interesante versión de este combate la cuenta Juan P. Salazar, que dice lo siguiente:
“El Jefe del ejército chileno, acantonado en Huancayo, destacó parte del "Escuadrón Yungay", á órdenes de dos distinguidos oficiales de su ejército, el capitán Fernando Germain y el teniente Ildefonso Alamos, para que expedicionasen sobre la hacienda Runatullo, situada al oriente del pueblo de Comas, á extraer reses de dicha hacienda, no sólo para el consumo del ejército enemigo, sino también para vender á los extranjeros, quienes aprovechando de las desgracias de nuestra patria, combinaban grandes negociaciones con los invasores. El italiano Luis Loero fué el guía de esa expedición.
En la mañana del 24 de febrero del 82, se presentó en la población de Comas, un piquete del "Escuadrón Yungay", compuesto de cuarenta hombres; el jefe de la expedición Germain, exigió de pronto rancho para esos individuos, que se les proporcionó sin dilación alguna, y después de consumido, siguieron su derrotero sin decir una palabra acerca del objeto de comisión, ni adonde iban, ni cuando regresarían; solo se limitaron á encargar que, para su regreso, preparasen rancho agradable y abundante.
A raíz del avance de los expedicionarios, el pueblo reunido en comicio popular, nombró por aclamación Comandante Militar de la plaza al estudiante Salazar y Márquez, por haber manifestado éste desde su arribo á aquel pueblo, el 8 de febrero, que urgía organizar fuerzas y reunir armas, para un á taque sorpresivo á la guarnición araucana de Jauja o de Concepción. Se resolvió en ese momento, por opinión unánime del pueblo y sobre todo su jefe, presentar combate al destacamento á su regreso. Cualquiera que fuese el éxito que se obtuviera.
La primera medida adoptada por el jefe de la plaza, para estar al corriente del camino que tomaría el enemigo á su regreso, fué enviar chasquis detrás de éste, á conveniente distancia, siguiéndoles las pisadas hasta el término de su viaje, con la misión de transmitir, á su vez, las noticias á otros que, á distancia equidistantes, se iban ubicando en toda la extensión del trayecto, á medida que avanzaba el enemigo en su itinerario. Necesitaba el jefe de la plaza tener dato seguro sobre la ruta de la vuelta, para improvisar trincheras en los sitios más estrechas del tránsito. Podían haber optado al regreso cualquiera de las tres vías que dan acceso á esa región.
Con el procedimiento que se adoptó, se había establecido una línea telegráfica, á usanza del tiempo incaico, que dió proficuos resultados.
Los chasquis anunciaron al cuarto dia, que los chilenos regresaban por el mismo camino que los había conducido, trayendo un respetable contingente de reses y caballos; desde luego ya hubo base para construir trincheras, situar piedras para galgas y contar casi con el triunfo, porque, inevitablemente, tenían que volver á pasar por Sierralumi, especies de horca caudina.

quebrada sierralumi
Vista de la quebrada desde Sierralumi
El desfiladero de Sierralumi tiene más de un kilómetro de largo, de camino estrecho cortado á pico; por el pie corre un río de mucho caudal en invierno, á 200 metros, antes de llegar al puente del río, para pasar al pueblo de Comas, se levantó una trinchera doble, toda de piedra destinada para los expertos tiradores, capitaneados por Manuel Arroyo.
La parte alta del camino estrecho es un despeñadero de varios centenares de metros de extensión, abundante en piedras de todo volumen; allí se colocaron cincuenta hombres con objeto de hacer funcionar las galgas, luego que los chilenos tropezacen con la trinchera preparada, porque era de esperarse que las reses y los arreadores, que venían fraccionados, estuviesen ya todos dentro de la quebrada, encerrados como en un cartabón.
Así sucedió en efecto. Entre las malezas del otro lado del puente, para ascender ya á Comas, se emboscaron convenientemente treinta hombres con rifles Minié, bien provistos de municiones.
Dispuestas así las cosas, hasta el primero de marzo, sólo esperaban que los enemigos ocupasen toda la quebrada que, desde las once del dia del dos, principiaron á descender; alas once y veinte minutos, por señal convenida, hicieron funcionar las galgas, en cuanto el capitán de la trinchera y sus compañeros iniciaron los fuegos de fusilería, en la trinchera levantada en pleno camino, pero en lugar estratégico.
El efecto producido por las galgas fué desastroso para los enemigos, quienes rodaban al abismo que se extiende al pie del ya mencionado camino cortado á pico, arrastrados por las mismas reses selváticas que, al ruido de las piedras que, al desprenderse una por lo empinada del cerro, arrastraba diez en su caída; prodújose un torbellino espantoso, que, en ménos de veinte minutos, quedaron inhabilitados para el combate de fusilería; más de la tercera parte del destacamento chileno, entre éllos Germain, con las piernas fracturadas. Los que venían atrás y los que aún salieron ilesos de las galgas, optaron por abandonar sus cabalgaduras y las reses que arreaban, para desplegarse en guerrilla en la margen izquierda del rio, desde donde se empeñó un encarnizado combate con los comasinos emboscados entre los arbustos de la margen derecha; después de dos horas de continuada refriega, quedaron en el campo treinta y cinco chilenos y solo salvaron cinco, á uña de caballo y por caminos extraviados, incluso el teniente Alamo y el guía Loero.
El completo éxito de este combate generó, por decirlo así, la épica resistencia de la Breña, contra nuestros implacables enemigos; iniciada y sostenida por un pueblo patriota y su joven caudillo. Sin esta altiva y patriótica actitud, todo habría pasado sin protesta alguna, como en un pueblo envilecido, servilmente conquistado.
A fin de que, el capitán Germain y los suyos, cayesen cuando ántes á la trampa, se excogitó un ingenioso ardid, que rindió los más óptimos frutos; el cual consistió en lo siguiente: se colocaron sobre piedras, en la parte más visible de la plaza, cuatro grandes peroles llenos de agua, con fogatas de paja húmeda, que producían mucha humareda; con el preconcebido propósito de hacer creer á los invasores que el encargo sobre rancho agradable y abundante se cumplía al pié de la letra. En cuanto los rotos voltearon la cumbre del desfiladero, hacia Comas, se encontraron con ese hermoso espectáculo, a causa de que, desde aquella cumbre, se abarca el pueblo con la vista, en toda su extensión, por estar situado éste, en plano más bajo, sobre una pequeña colina. Ante perspectiva tan atrayente, los de Chile apresuraron su marcha, notablemente, y pronto se dio buena cuanta de ellos.
Los hijos de Comas, que colocaron con más eficacia, en la preparacion y ejecución del plan concebido por el jefe de la plaza, fueron los siguientes: Luis Chavez, José Gil, Manuel Arroyo, el cura Soto, José Manuel Mercado, Jerónimo Huaylinos, Nazario Valero, Venancio Valdez, Vicente Buendía, Baltazar Chavez, Isidro Muñoz, Mateo Garay, Pedro Medina, Venancio Martinez, Andrés Gonzales, Pablo Bellido, N. Huancauqui, José R. Paitampoma, Manuel de la O., Melchor de la O, Presentación de la O, Gregario de la O, Evaristo Solís y Facundo Mercado; todos los demás ciudadanos del distrito cumplieron tambien con su deber en aquel día de imborrable recordación.
El comandante militar de la plaza, el héroe adolescente, después de dirigir al pueblo una conceptuosa proclama, se ocupó de enviar, el parte oficial de ese hecho de armas, al jefe superior, político militar de los departamentos del Centro, que se encontraba en Ayacucho, á cincuenta leguas de distancia, del teatro de la resistencia: tan vigorosamente iniciada; el expreso Juan Yupanqui, conductor del documento oficial regresó á los veinticinco dias trayendo la contestación y la ratificacion del nombramiento, conferido en plebiscito á favor de Salazar, como comandante militar de la plaza, seis dias ántes del combate”.(1)
sierralumi
Sierralumi
Parece que los chilenos no tuvieron bien establecido cuál fue la fecha del combate. El coronel Estanislao Del Canto, comandante de la División chilena, escribió que fue el 3 de marzo, mientras el alférez chileno Ildefonso Álamos dice que fue el 6. A continuación, un extracto del parte oficial del Álamos:
“Como a las 10 de la mañana, bajamos la cuesta que hay frente al pueblo de Comas, yendo el señor Jermain y yo a retaguardia del arreo con el objeto de atender y observar la mejor manera la conducción del arreo.
En esta circunstancia, me vinieron a avisar que un paisano, que acompañaba nuestra tropa en calidad de guía, estaba herido. En el acto fui a cerciorarme de esto, y efectivamente encontré a dicho individuo en tierra como a la medianía de la cuesta; me bajé a observar su herida y preguntarle de qué le prevenía. En este instante se desprende de la altura una inmensa cantidad de “galgas” que me arrebataron mi caballo, varias mulas cargadas y gran número de los animales de arreo e hiriéndome a mí en la cabeza, golpe que me aturdió por algunos momentos.
Luego que hube vuelto de mi aturdimiento, traté de juntar mi tropa y empecé a ascender la cuesta para evitar así la gran lluvia de piedras. Una vez arriba, me encuentro con que el enemigo nos tenía cortados, razón por la cual resolví bajar a la quebrada e intentar tomar el pueblo, único recurso que en ese momento creí conveniente. Hicimos el descenso con mucho peligro.
Casi todos mis soldados tuvieron que echar pie a tierra para poder aprovechar mejor sus tiros y tratar de esquivar las galgas favoreciéndose en la orilla de la cuesta; por este motivo la mayor parte de los caballos se dispararon y fueron arrebatados por las piedras.
Una vez en la quebrada y visto el muy reducido número de soldados que me seguían, y encontrando el puente cortado, esperé la reunión de algunos más con los que traté de tomarme el pueblo, consiguiéndolo después de algún tiempo, a pesar de las dificultades del camino y de la resistencia que hacían los habitantes. Conseguimos, sin embargo  del inmenso peligro, ponernos al abrigo de las casas los pocos que llegamos arriba. A pesar de ser grande el número de cholos que estaban en el pueblo, armados de cuchillos, palos, sables, etc., no se atrevieron a atacarnos cuerpo a cuerpo, o más bien de frente, pero nos daban hondazos y tiros de mampuesto con rifle, con lo que consiguieron herirme dos soldados que me seguían de cerca. Convencido de la inutilidad de nuestro refugio en el pueblo, decidí tomar el camino conocido, arriesgando el todo por el todo. Nuestra salida del pueblo fue ordenada; dispuse que los heridos, que eran cinco, subieran en los tres únicos caballos que habíamos salvado. Una vez que la gente del pueblo vio que tomábamos el camino para retirarnos, coronó las alturas una inmensa muchedumbre que principió a hostilizarnos a nuestro paso, siguiéndonos de cerca por el camino gran número de individuos; estas hostilidades nos molestaron durante un trayecto de más de tres leguas. Yo hice la salida del pueblo a la cabeza de mi tropa; pero ya muy fatigado por el ascenso y descenso del caminó, monté a la grupa del caballo de uno de los soldados heridos, razón por la que me adelanté un poco del grueso de mi tropa…
… Anduve toda la noche; la nieve que no cesó de caer desde que oscureció y borró los senderos, y por algún tiempo divagábamos sin encontrarle, llegando por fin a Concepción como a las 2 de la mañana, donde di cuenta inmediatamente del suceso”.(2)
El coronel Del Canto en su parte del 4 marzo al contralmirante Patricio Lynch, dice que Fernando Jermain era empleado de la comisaría del ejército chileno y acompañó a la tropa voluntariamente. También menciona las siguientes bajas:
“El resultado de este desgraciado incidente, ha sido la pérdida del empleado de la Comisaría del Ejército don Fernando Jermain, que fué el primero que fué ultimado por una gran piedra; la muerte de los soldados de carabineros Anselmo Vasquez i Feliciano López; habiendo salido heridos los soldados del mismo cuerpo, Isidoro Cisterna, Domingo Alborquenqui, Serzo Hévia, Clodomiro Aliste, Nicanor Fuentes i Jose A. Quijada”.(3)
Finalizo este artículo con un extracto del parte oficial del comandante Ambrosio Salazar, jefe del grupo de peruanos en aquel combate:
“A las 9 a.m. del ventiseis de febrero ultimo, nos sorprendieron treinta y dos chilenos de caballería, con dos extranjeros mas, los que servían de guías á los primeros; despues de consumar sus atroces delitos y tomar almuerzo pasaron á donde se dirigían a cumplir el cometido que premeditaron con anticipación, á robar lo que en ella encontraron.
Fui llamado por el pueblo, para disponer la manera de recibirlos á su regreso; preparamos galgas, cayados y hondas, por que es todo lo que por aquí se encuentra y balas en poca cantidad.
El dos de Marzo regresaron trayendo un magnífico botín de rapiñas: consistía en 600 reses, 50 @ de mantequilla y menudencias; luego que llegaron al punto donde habíamos preparado galgas, las desprendimos sobre los enemigos, produjeron buen efecto, muy pocos huyeron en completa dispersión y heridos gravemente, les tomamos las reses, 28 caballos, las mantequillas y algunas armas.
Vuestro esclarecido criterio será el mejor termómetro para apreciar el patriotismo desplegado por mi gente; los admiradores de vuestras virtudes militares apoyan á V.E. el triunfo sobre nuestros aleves y felones enemigos; la gente de mi mando ántes prefiere quedar pulverizada, que permanecer impasible soportando por mas tiempo la opresión chilena ”.(4)

Comas
 NOTAS
(1) Archivo del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (ACEHMP). Manuscrito: “La resistencia de la Breña Durante la brutal conquista, llevada á efecto por las hordas de Chile, en 1882 y 1883”, por Juan P. Salazar, pp. 5-9.
(2) Estanislao Del Canto, “Memorias Militares”, edición y estudio militar de Alejandro San Francisco, pp. 162-164. Parte oficial de Ildefonso Álamos – Huancayo, 8 de marzo de 1882.
(3) Pascual Ahumada Moreno, “Guerra del Pacífico, recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referente a la guerra que han dado a la luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia, tomo VI, pp. 488-489. Parte oficial de P. Lynch al ministro de la Guerra – Lima, marzo 9 de 1882.
(4) El Registro Oficial del Departamento, Ayacucho, miércoles 10 de abril de 1882. Parte oficial de Ambrosio Salazar – Comas, marzo 12 de 1882.

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