miércoles, 30 de diciembre de 2020

Blogs y enlaces nacionalistas de interés : El Perú ante todo

Les presentamos blogs y enlaces amigos de mucho tiempo donde se comparte excelente material histórico, entrevistas y libros en pdf para descargar y todo referente sobre el Perú. Todo el material disponíble para uds y que dudamos lo encuentren en otros espacios.

            

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Toda la maquinaria partidaria se pone en acción
 





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MONTONERO AREQUIPEÑO

Montonero Arequipeño

Cortometraje: La Libertad de Trujillo | Bicentenario del Perú

El cortometraje “La Libertad de Trujillo” ha sido elaborado por el Proyecto Especial Bicentenario con la colaboración de la Comisión Bicentenario de la Municipalidad Provincial de Trujillo, con la finalidad de conmemorar el Bicentenario de la independencia de Trujillo que conmemoramos el 29 de diciembre de 2020. Ha sido realizado por profesionales trujillanos quienes recrean este importante momento de la historia peruana. Está dirigido al público en general.


Esta cortometraje busca difundir el importante rol de la población y autoridades trujillanas que hace 200 años sumaron esfuerzos y voluntades para conseguir su independencia y, con ello, contribuir de manera decisiva a la independencia del Perú. Dejar plasmada esta gesta en una propuesta audiovisual busca incentivar en la ciudadanía de La Libertad y del Perú el reconocimiento a los próceres peruanos que permitieron la independencia de Trujillo, valorando la historia y promoviendo la cultura

Bicentenario de la Independencia de Piura

En las inmediaciones de la iglesia de San Francisco y mediante cabildo abierto, los piuranos declararon su Independencia un 4 de enero de 1821, entre los que destaca la figura del precursor Miguel Gerónimo Seminario y Jaime. La proclama fue replicada en otras localidades de Piura como Paita, Amotape, Sechura, entre otras. Mira este video. #BicentenarioPerú 🇵🇪

domingo, 8 de noviembre de 2020

CONTRALMIRANTE PERUANO COMENTA CAOS CHILENO(LECTURA DE VALIOSO TEXTO)

La noción de Perú, en los días previos a la emancipación





Acostumbrados como estamos a dos siglos en los cuáles se ha hecho más énfasis en las diferencias que en los temas en común, hemos tendido a pensar cada vez más en pequeño, ya no sólo a nivel nacional, sino regional, local o incluso comarcal. Poco se recuerda que la división original de la América Española – segmentada inicialmente en los dos grandes bloques virreinales de México y Perú, fue divida en el siglo XVIII en unidades más departamentalizadas, propias de la visión afrancesada de los borbones que en la visión de imperio heredada de los Austria.

No cabe duda que existían en ciertas regiones de la vasta américa española identidades en formación, como ocurría con la cuenca del Río Magdalena, núcleo del posterior Virreinato de Nueva Granada o con ciertas zonas periféricas o aisladas, como ocurría con las capitanías de Guatemala y Chile. Que tales identidades propias, como las que pueden existir en todo estado moderno – no sólo aquellos extensos, pueda ser justificante de nacionalidades es un tema de largo (e interminable) debate, pero lo que es cierto es que la delimitación política que nos pilló al momento de la emancipación americana, estaba sustentada más en razones prácticas que en supuestas nacionalidades en gestación. 



Así, no es un secreto que el definitivo Virreinato de Nueva Granda se estableció para frenar la invasión inglesa en el contexto de la Guerra de la Oreja de Jenkins, como el de Buenos Aires para frenar el contrabando que se ejercía desde la Colonia de Sacramento. Poco tenían en común con Buenos Aires el Alto Perú incorporado al segundo, como Panamá, mas conectado al Puerto del Callao que a Bogotá, por solo poner dos ejemplos. 

De este modo, las nacionalidades hispano americanas se crearon desde arriba, en base a divisiones administrativas como lo fueron posteriormente las que llevaron a convertir la circunscripción de cada audiencia -con la única excepción de Cusco, en estados independientes o, peor aún, en base a circunscripciones incluso menores, como la que dio origen a la balcanización de centroamérica.   

Las independencias no han hecho más que incentivar dicho fenómeno que podríamos llamar administrativo – nacional, llevando a discusiones tan absurdas como al origen de tradiciones o alimentos que, hace relativamente poco no tenían fronteras dentro de nuestros territorios, ni tenían por que tenerlas. En el colmo del absurdo, basta leer cualquier libro de historia de cualquier país hispano sudamericano, para advertir sin mucho análisis que todos se declaran perdedores de territorios frente a sus vecinos, ahondando con ello el universo maniqueo donde el otro, ese que se parece tanto a nosotros, en sin embargo el distinto.

Estamos ante identidades construidas par justificar la preeminencia de ciertos grupos por encima de otros. La noción de frontera entre las distintas jurisdicciones de la América Española, no existían como tales hasta el momento anterior a la emancipación. De este modo, podemos entender que el próspero empresario José Gabriel Condorcanqui – más conocido como Túpac Amaru II, iniciase una insurrección que no distinguió entre el Alto y el Bajo Perú y, que incluso, tenía pretensiones hasta Pasto por el norte, tan igual como cuando Juan Pablo Vizcardo y Guzmán, refería a su destinario inglés que todo el Perú “de Quito a Tucumán” se estaba alzando contra la Corona Española, sin distinguir más unidades territoriales que Nueva Granada y el propio Perú.  




Del mismo modo, la insurrección de Mateo Pumacahua -aristócrata de la más rancia nobleza autóctona, no concibió diferencia alguna territorial entre La Paz, Arequipa o Cusco, como Francisco Zela desde Tacna, entendió que su movimiento era parte del iniciado en Buenos Aires, en donde el mismo Ignacio Álvarez Thomas, director de la Junta de Gobierno de la futura República Argentina, era arequipeño, como cuencano, en el actual Ecuador, fue José de La Mar, segundo presidente del novísimo estado Bajo Peruano.  Se olvida muchas veces que Andrés de Santa Cruz antes de obtener la presidencia del Alto Perú convertido en la República de Bolivia, tentó el mismo cargo en el Gobierno de Lima.

La propia autoridad virreinal era partícipe de la misma concepción. La reacción de José Fernando de Abascal llevó a sus ejércitos hasta Quito por el norte y, de no haber sido por la derrota de Pío Tristán por el sur, las habría llevado sin duda alguna hasta el Tucumán inclusive, sin considerar en ningún momento que se estaba cruzando de un país a otro, ni dejar de reasumir las funciones de gobierno que, ante el vacío de otras autoridades administrativas de la monarquía, considera que le correspondían.

No es extraño por ello que el primer congreso del Perú republicano tuviese representación de Guayaquil y la primera constitución hubiese reservado asientos para los representantes del Alto Perú. El propio Bolívar avaló la idea de separar los dos Perú, alto y bajo, pero no de modo permanente, sino como paso intermedio para su incorporación en su Gran Colombia.
 
La Sudamérica Española no se independizó en acto único (como en México con Iturbide y en Brasil con la división de la corona portuguesa), sino de a pocos, carcomiendo la autoridad real de los extremos al centro, de modo tal que las élites de cada pedazo arrancado fueron construyendo rápidamente su propia identidad, primero de modo absolutamente artificiosa o exacerbado, para luego convertirse en una verdad asumida, como ocurre hoy en día. 



Más allá del nombre que se le diese, para quienes vivieron en este lado del mundo a fines del Siglo XVIII y comienzos del XIX no había una frontera entre los territorios de sus delimitaciones territoriales. Es posible incluso que, quienes fomentaran las autonomías de una región con la otra, no fuesen conscientes de lo que estuviesen sembrando a futuro, de sus consecuencias y de todo el dolor y sangre que más temprano o más tarde, terminaron gestando a un lado y otro de su extenso territorio, dejándonos sueltos a merced de quienes vieron más allá del corto plazo, y cercaron con los Estado Unidos de Norteamérica por el norte, y con Brasil por el este.

Marco Martínez. Abogado, egresado de la Pontificia Universidad Católica Del Perú, maestría en derecho constitucional y doctorado en derecho, desempeñándose como profesional independiente y docente universitario. Ha escrito diversos artículos en los temas de su especialidad

miércoles, 12 de agosto de 2020

Peligros del Acuerdo de Escazú


En el siguiente diálogo Francisco Tudela, ex Canciller de la a República, y Jorge Montoya, Almirante y ex jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, denuncian las amenazas a la soberanía nacional y al sistema republicano que representa el Acuerdo Escazú. Convocan al Congreso y a las élites nacionales a rechazar el mencionado tratado.

domingo, 2 de agosto de 2020

El Huáscar ha vuelto a atacar



El escritor chileno Carlos Tromben publicó en el año 2016 un relato novelado que título “Huáscar” y que describe, con una poca frecuente generosidad, el papel que le cupo al célebre monitor y a su legendario capitán.

Un mes y medio después del combate de Iquique, el vapor “Matías Cousiño” se encontraba en aquel mismo puerto y su capitán, Roberto Castleton, dormía un sueño leve. Unos golpes sonaron en la puerta de su camarote.

Señor, será mejor que suba al puente –dijo del otro lado el segundo oficial Morton.
No hizo falta que Morton completara la frase ni mencionara el nombre que estaba, desde hacía semanas, en boca de todas las tripulaciones que recorrían aquella franja del Pacifico Sur.

Enseguida –dijo Castleton incorporándose.

Hizo la manta a un lado, se calzo las botas y se colocó el chaquetón y la gorra. Antes de salir saco de debajo de la cama una petaca metálica. La destapo y le dio un sorbo rápido, que le bajo caliente por la garganta.

Al subir a cubierta el capitán Castleton recibió en la cara el frio de la madrugada. El cielo era de un color negro oscuro, salvo en un punto al suroeste donde se asomaba la luna creciente. El mar rumiaba despacio como un toro dormido.

Viene por la banda de estribor –dijo el segundo oficial Morton.
El capitán Castleton apunto sus binoculares en la dirección indicada. Tardo algunos segundos en detectar un penacho de humo que avanzaba lentamente, casi confundido con las tinieblas.

Maldición –mascullo.
El “Huáscar”, el más temible de los blindados peruanos, avanzaba en su dirección como una ballena asesina.

Lo precedía el zumbido monótono e implacable de su máquina.

Señor Morton, mande tocar zafarrancho –ordeno el capitán Castleton-. Que suban la presión de las calderas. Proa al sureste, tres cuartas a babor.
El segundo oficial retransmitió las órdenes. Los gritos comenzaron a sonar en todo el barco. “¡El Huáscar! ¡El Huáscar!”, exclamaban los hombres corriendo por la cubierta, asomándose por la borda, trepándose a los palos.

Los contornos del “Huáscar” se iban delineando a medida que se acercaba. El capitán Castleton distinguió la torre artillada, el palo mayor y el espolón que cortaba las aguas. El espolón capaz de partir un barco de madera en dos. El mismo, recordó el capitán Castleton con un escalofrió, que había destrozado a la “Esmeralda” y su tripulación hacia poco más de dos meses. La inminencia del encuentro le provocaba más admiración que miedo.

Es hermoso, ¿no cree, Morton?
El segundo oficial no alcanzo a responder. Cuando el “Huáscar” estuvo a menos de 500 metros se vio una señal luminosa que parpadeaba en su cubierta, a la altura de la torre de mando.

El capitán Castleton imagino la voz serena y hasta cordial del hombre que comandaba aquella máquina de guerra.

“Que buque es ese”.

“El Matías Cousiño”.

“Como está usted, Castleton”.

“Que carga trae a bordo”.

“Carbón”.

“Donde están los demás barcos”.

“Por aquí alrededor”.

“Bien, capitán, embárquense en sus botes porque lo voy a echar a pique”.

Roberto Castleton, nacido en Dumbarton, Escocia, no era un marino de guerra, y el “Matías Cousiño” era solo un vapor de carga entregado como contribución patriótica por su dueña, una millonaria chilena del carbón. Pero el capitán Castleton no estaba dispuesto a entregar su barco tan fácilmente, no sin al menos forzar la máquina un poco. Necesitaba saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar aquel comandante peruano del que todos hablaban con una mezcla de respeto y temor.

-¿Señor? –dijo el segundo comandante mirándolo expectante.

-Maldita sea, Morton. Proa al sudeste. ¡A toda máquina!

Los carboneros comenzaron a palear y el humo de la chimenea se hizo más denso. El barco entero crujió con el impulso de su huida. El oficial de maniobras empuñaba la rueda del timón, los oficiales calculaban distancias y velocidades. Pero el capitán Castleton no abrigaba muchas esperanzas; sabía que el “Huáscar” le daría alcance pronto. A los pocos minutos un par de fogonazos iluminaron los cañones del monitor. El capitán Castleton y resto de la tripulación corrieron en busca de refugio. Los proyectiles pasaron silbando y cayeron a pocos metros de la proa, levantando dos columnas de agua. Habían sido disparos de advertencia.

-Señor Morton, mande detener la máquina y prepara los botes –dijo el capitán Castleton poniéndose de pie-.

Y por Dios, dígale a ese hombre que deje de dispararnos no queremos padecer la misma suerte de la “Esmeralda”, ¿Verdad?

El segundo hizo un gesto de alivio. La bandera blanca fue izada y toda la tripulación se reunió en cubierta para comenzar la evacuación. El “Huáscar” se acercaba cada vez más.

Para ningún marino es fácil dejar su nave. Ni siquiera la supervivencia alivia la tristeza de verla morir. El capitán Castleton intentaba combatir esta sensación y la del segundo oficial con el recurso habitual de su raza, la ironía.

-Bueno, Morton, creo que no tenemos nada de qué preocuparnos. Nuestra condición de ciudadanos de su majestad nos facilitara las cosas. Dentro de poco estaremos de regreso en Valparaíso.

-Creo que el resto de los hombres no puede decir lo mismo, señor –dijo el segundo sin despegar la vista del buque que acababan de evacuar y de su temible captor.

-No exagere, Morton, estas naciones son bastantes civilizadas para ser tan jóvenes. Han firmado el tratado de Ginebra, no lo olvide.

Los marineros remaban con fuerza y el capitán Castleton estimo que los botes tardarían una media hora en llegar a la costa. “El Huáscar” comenzó a ponerse en posición de tiro y el capitán Castleton comprendió que iba a cumplir su amenaza. ¿Pero con que objeto? ¿Qué buscaba demostrar su comandante hundiendo un barco que podría simplemente capturar y poner al servicio de su país?

Pero el primer cañonazo sonó de un modo inesperado, como de otro calibre y disparados desde más lejos.

Con Morton se miraron extrañados. En ese instante una bengala surco la noche. El breve resplandor ilumino una porción de cielo y a un tercer barco que avanzaba, rápido como una lancha de puerto.

El capitán Castleton soltó una carcajada estruendosa.

-¡Pero si es Latorre! –exclamó-.

¿Ese hombre está loco o qué?

En el otro extremo de la bahía, en la cañonera “Magallanes” sonaba el zafarrancho de combate.

El cabo de cañón Melchor Martínez se puso de pie, atontado todavía por el sueño. Los oficiales gritaban, el perro Cuatro Vientos ladraba excitado y los marineros corrían a sus puestos. El de Melchor era la pieza de artillería de la banda de babor. Un cañón de 150 libras, que se cargaba por la boca y que los hombres apodaban “La Tomasa”. Ahí estaban ya el gringo Mosley, el egipcio Tarud y el teniente Simpson, excitados y en pie de guerra para hacer frente al “Huáscar”.

El capitán Latorre se desplazaba en cubierta arengando a los hombres. Era bajo, rollizo y de piernas cortas. Pero a pesar de esto tenía el don de transmitir tranquilidad y confianza a su alrededor.

-Vamos a salir airosos de esto, muchachos. ¡A apretar los dientes y confiar en nuestra Estrella! ¡¿Están listos para la gloria?! –repitió bajo y macizo mirando a los ojos.

Cien marineros, sargentos, tenientes, gritaron al mismo tiempo:

¡¡Si, señor!!
El cabo de cañón Melchor Martínez, hijo de Clara Martínez y de padre desconocido, sintió que su pecho se inflamaba. Apretó los puños y lanzo un grito. El egipcio y el gringo gritaron también. El perro Cuatro Vientos ladraba como un marinero más. Todos pensaban en la Estrella Solitaria, en la bandera que el capitán Latorre había ordenado izar en el palo mayor en señal de combate.

La segunda bengala atravesó el cielo y Miguel Grove, fotógrafo autorizado de la escuadra, sintió un espasmo de temor e impotencia por no poder registrarla en su lente.

Grove comprobó la hora en su reloj. En los siguientes 45 minutos asistiría a su primer combate naval, vería pasar ante sus ojos la imagen más impresionante de su vida sin poderla registrar. Bajo la luz de una noche con nubes, los barcos eran sombras débiles que avanzaban lentamente, sus cascos y mástiles recortándose por facciones de segundo con cada cañonazo.

Desde los botes el capitán Castleton y el resto de tripulación del “Matías Cousiño” vieron como la cañonera “Magallanes” se lanzaba contra el “Huáscar” como un perro callejero contra un pastor alemán. Un fogonazo alumbro su banda de estribor y una columna de agua se elevó a algunos metros de la proa del “Huáscar”, allí donde el espolón cortaba las aguas como un inmenso machete. Pasada la sorpresa, el “Huáscar” se puso también en movimiento, dispuesto a poner a su adversario en su lugar.

La “Magallanes” pareció recién tomar conciencia de su fragilidad y giro en busca de una vía de escape. El “Huáscar” avanzo hacia ella para embestirla con su espolón y el capitán Castleton apretó los dientes a la espera del impacto.

Conteniendo la respiración, el capitán Castleton y los demás tripulantes del “Matías Cousiño” vieron cómo los barcos pasaban a metros de distancia.

-Dios mío, estuvo cerca.

Los barcos estuvieron nuevamente a metros de embestirse, pero la “Magallanes” logro torcer el rumbo a último momento evitando una vez más el espolón del “Huáscar”. Los marineros del “Matías Cousiño” gritaban de entusiasmo como si asistiesen a una pelea de gallos.

-¿Por qué no disparan? –insistió el capitán Castleton.

Efectivamente, el comandante del “Huáscar” podía fácilmente pulverizar a la “Magallanes” con sus cañones de 300 libras. Pero no lo hacía, como si no confiara en sus propios artilleros o hacer valer esa superioridad fuese indigno de un caballero.

Los barcos ampliaron su distancia, tras un cañoneo infructuoso, se perdieron en el horizonte.

El fotógrafo Miguel Grove contempló con tristeza cómo el “Huáscar” se alejaba en el horizonte. Lo encuadró en sus manos y lo vio desaparecer. Faltaban décadas para que las cámaras se achicaran., los lentes se expandieran, se desarrollaran dispositivos para dosificar el tiempo de exposición y nuevos materiales de fijación más sensibles a la luz. La imagen quedaría en su retina y en su recuerdo como un sueño recurrente.

El “Matías Cousiño” permanecía incólume y a la deriva, después de haber estado a punto de irse a pique.

El capitán Castelo lanzó un largo suspiro y ordenó a sus hombres tomar los remos y emprender el regreso.

Vaya suerte, señor Norton.
El segundo no dijo nada. Aún no salía de su estupor.

En Valparaíso, por favor, recuérdeme de regalarle a Latorre una botella del mejor whisky.
Yo que usted le regalaría dos –dijo Norton.
Horas después Flavio Norambuena y Bernardo González, los telegrafistas de Caldera, recibieron un nuevo cablegrama. Llevaban casi un mes haciendo largos turnos para mantener el flujo de información entre el gobierno y las fuerzas navales.

“Huáscar en Iquique”.

“Audaz maniobra de Latorre burla al monitor”.

“Vapor Matías Cousiño salvado”.

Fiel a su espíritu enciclopédico, Flavio Norambuena había conseguido en la Gobernación Marítima un mapa del litoral y lo había ampliado de su puño y letra en varias hojas de papel que había pegado con chinches en la pared. En ellas iba anotando todos los cablegramas que mencionaban al “Huáscar”, con fecha y hora, intentando descubrir la lógica de aquellos desplazamientos y apariciones furtivas.

Todo está ocurriendo de acuerdo a un plan -dijo Flavio Norambuena-.
Un plan que ni nuestro gobierno ni nuestros marinos han podido descifrar.

El muchacho pulsaba el telégrafo transmitiendo la nueva ubicación del barco enemigo.

Las señales en código morse viajaron de estación en estación a través del cable submarino, a lo largo de todo el litoral hasta llegar a la Intendencia de Valparaíso. De ahí el telegrama atravesó de mano en mano las calles del puerto hasta llegar a la redacción del diario “El Mercurio”.

Veinte periodistas trabajaban a esa hora afinando textos, cortando palabras, puliendo verbos de notas breves, despachos y crónicas. La noticia del combate provocó una oleada de agitación que fue subiendo a través de los escalafones del periódico hasta llegar a su dueño.

¡Dios mío! –exclamó Agustín Edwards.
Los detalles eran todavía escasos y Agustín Edwards, diputado, banquero, empresario minero, criador de caballos de fina sangre y dueño del diario más antiguo del país, recordó cómo había ido tomando cuerpo la noticia del combate anterior, ocurrido en aquella misma bahía de Iquique y que había cubierto de gloria y orgullo a toda la nación.

El martirio de Prat y la hazaña de Condell habían sido para Agustín Edwards un encuentro con el destino. Cada día, a partir del primer telegrama, desde los fragmentos al detalle, de lo general a lo particular, Agustín Edwards había visto cómo la circulación de “El Mercurio” aumentaba a la velocidad de una locomotora. El público se aglomeraba frente a las oficinas de la redacción, las ediciones se agotaban en cuestión de horas y en toda la ciudad no se hablaba de otra cosa. Pero las arcas del periódico que su familia había comprado en la bancarrota eran apenas una pieza menos dentro de lo que Agustín Edwards tenía en juego en aquella guerra. De los éxitos y derrotas de la Marina chilena dependían los millones de pesos que su familia obtenía de las operaciones de la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta.

Durante siglos las soledades desérticas de Antofagasta y Tarapacá habían escondido un secreto capaz de alimentar a millones de personas en todo el mundo. El excremento de las aves y las sales del subsuelo eran fertilizantes extraordinarios, ricos en nitrógeno. En el caso del salitre, su explotación había sido obra de empresarios extranjeros, muchos de ellos ingleses establecidos en Chile como el padre de Agustín Edwards. Ellos habían aportado capital y contratado la mano de obra que daban pie a la civilización. ¿Y cómo les pagaban sus esfuerzos los gobernantes del Perú y de Bolivia? De la manera que correspondía a una correcta economía política: absteniéndose de cobrar impuestos. Así había sido hasta la crisis mundial de 1873.

Primero vino la nacionalización peruana, una audaz operación financiera mediante la cual el gobierno presidido por Manuel Pardo y Lavalle compró las empresas salitreras de Tarapacá, pagándoles a sus dueños con bonos: papeles que generaban interés. Agustín Edwards padre aceptó la transacción sabiendo que, tarde o temprano, sucedería algo parecido con sus empresas en Bolivia.

Y así fue: en 1878 el caudillo que respondía al pomposo nombre de Hilarión Daza desconoció los acuerdos suscritos e implantó un impuesto de unos pocos centavos por quintal de salitre exportado. Una afrenta inexcusable.

Desde que comenzara la crisis, casi un año atrás y cuando su padre aún estaba vivo, Agustín Edwards había utilizado toda su influencia en la prensa para presentar la decisión boliviana como un acto de hostilidad al país. De este modo, bajo el lenguaje épico que sus periodistas volcaban a diario y que el público leía en voz alta, repetía en las plazas y en los bares con el pecho lleno de nacionalismo, se escondía un problema económico particular: el de la familia Edwards y los impuestos impagos que el fisco boliviano insistía en cobrarles.

Señores –dijo Edwards mirando a sus colaboradores reunidos en el despacho del banco que llevaba su nombre-. Dupliquen el tiraje. Reserven en la sección editorial una columna de trescientas palabras. Este capitán Latorre nos ha dado una lección de hombría y patriotismo.
A esas horas el telegrama ya estaba en poder del Presidente de la República, Aníbal Pinto, y la noticia corría de boca en boca por todo el país.

Rosa de Talagante la escuchó en el momento en que abordaba el tren a Valparaíso. Se dirigía, con sus dos hijos y su guitarra, a probar fortuna en los bares del puerto. En el mismo tren, pero en primera clase, iban el ministro Domingo Santa María y su amigo y confidente, el poeta Eusebio Lillo.

No se hablaba de otra cosa. El “Huáscar” había vuelto a atacar.

Fuente: Huáscar.

Autor: Carlos Tromben.

www.Grau.pe

Toma de Guayaquil por el Mariscal Ramón Castilla 1858



Alegoría de la Toma de Guayaquil por el ejército peruano comandado por el Presidente del Perú Mariscal Ramón Castilla y Marquesado. Con la posesión de este puerto culminó exitosamente una de las tres proyectadas fases que comprendía la campaña contra el Ecuador. Pintura anónima de la época (1,48 x 0,80 m.). Sala Castilla. Ilustración: Museo Nacional de Historia. Lima.

El primer submarino peruano se fabrico en 1864


 
El "Toro", el primer submarino peruano, fue diseñado por Federico Blume durante la guerra contra España de 1863-1866, para romper el bloqueo realista en costas chilenas y peruanas. Sin embargo, la guerra con España terminaría antes de que el "Toro" estuviera listo.
En 1879, durante la Guerra del Pacifico, Blume consigue que el estado peruano financie el desarrollo del sumergible y realiza pruebas en Paita durante 3 semanas. El "Toro" se sumergia a 12 metros de profundidad, y viajaba a una velocidad de 3 nudos (5 Km/h). El presidente Nicolás de Pierola entusiasmado por el éxito del submarino aprueba su uso contra la escuadra chilena. Cuando el "Toro" estuvo listo para zarpar, los espías chilenos reportan a sus jefes: "Los peruanos preparan un ataque con un arma secreta muy poderosa". Enterados los peruanos de la infidencia se aborta la misión.
El 16 de enero de 1881, con la caída de Lima, se da la orden de hundír al "Toro" para evitar que termine en manos enemigas, pero la armada chilena lo reflotó y se lo llevo a Chile

viernes, 3 de abril de 2020

Blogs y enlaces patriotas : Para pasar la cuarentena en ROJO Y BLANCO SIEMPRE!!!!

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martes, 17 de marzo de 2020

Libros y películas para ver durante la cuarentena. Las iniciativas se están difundiendo a través de las redes sociales

Tras la cancelación de las actividades culturales y la prohibición de toda actividad pública como ir al cine o al teatro, el director peruano Fabrizio Aguilar liberó por una semana sus 4 largometrajes en la plataforma Vimeo. “En estos días, donde tenemos que ser responsables y ayudar a mitigar el avance del Covid19, quedándonos en casa, he abierto por una semana, mis cuatro largometrajes para que puedan ser vistos libremente desde un link en vimeo, incluido Norte, que se estrenó en setiembre pasado”, escribió en su cuenta de Twitter.
Fabrizio Aguilar@faguilar9
En estos días, donde tenemos que ser responsables y ayudar a mitigar el avance del Covid19, quedándonos en casa, he abierto por una semana, mis 4 largometrajes para que puedan ser vistos libremente desde un link en vimeo, incluido Norte, que se estreno en setiembre pasado. 1/2.
973 personas están hablando de esto
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Aquí dejamos los links para ver las películas de Fabrizio Aguilar con acceso gratuito:

Por su parte, la página especializada Cinencuentro también ha compartido 57 largometrajes peruanos para los quince días de aislamiento social obligatorio: “La noche del domingo el presidente Martín Vizcarra ha anunciado el aislamiento social obligatorio durante 15 días en todo el Perú, con el fin de evitar la propagación del COVID-19, el Coronavirus. En estos días de estado de emergencia nacional podemos aprovechar nuestras horas en casa de distintas formas. Aquí les proponemos una: ver películas peruanas de manera gratuita”, escribieron en su página web.
Para verlas ingresa aquí: https://www.cinencuentro.com/2020/03/16/peliculas-peruanas-ver-gratis-estado-emergencia-coronavirus/
Cinencuentro@cinencuentro
Servicio a la comunidad:
Aquí les compartimos 57 películas peruanas de largometraje que se pueden ver de manera gratuita online.
Con esto tenemos para 15 días, sobrado! 💪🎥 😜https://www.cinencuentro.com/2020/03/16/peliculas-peruanas-ver-gratis-estado-emergencia-coronavirus/     

Películas peruanas para ver gratis durante el Estado de emergencia

La noche del domingo el presidente Martín Vizcarra ha anunciado el aislamiento social obligatorio durante 15 días en todo el Perú, con el fin de evitar la propagación del COVID-19, el Coronavirus
cinencuentro.com
449 personas están hablando de esto

Miles de libros, mapas y documentos gratis

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha otorgado el acceso virtual a su Biblioteca Digital Mundial para contrarrestar, de cierta manera, la cuarentena, una medida que se viene acatando en varios países del mundo. A través de la dirección https://www.wdl.org/es/ se tendrá acceso a manuscritos, mapas, líneas de tiempo, fotos y clásicos universales de las culturas occidentales y orientales.
Son 19.147 artículos sobre 193 países en el período comprendido entre 8000 a. C. y 2000, entre ellos un manuscrito autenticado de Cristóbal Colón con fecha del 20 de noviembre de 1493 y escrito sobre papel tela; un Tratado sobre masajes (escrito entre 1800-1899) de origen tailandés que recopila los saberes de la medicina tailandesa; o, el Manual ilustrado de plantas medicinales de Kan’en Iwasaki creado entre 1830-1844. Esta es solo una muestra, son miles de artículos más para los lectores en general y especializados.
Entre las temáticas y especialidades que congregan en la Biblioteca Digital Mundial de la Unesco están las Ciencias Sociales, Religión, Filosofía, Lengua, Matemáticas, Ciencias Naturales, Tecnología, Artes, Literatura, Historia y Geografía.
En Perú, el Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica de Perú brinda acceso gratuito a parte de su catálogo para disfrutar en tiempos de coronavirus. Pueden descargar los títulos Las novelas de José María Arguedas de José Alberto Portugal, Razones de sangre de Gonzalo Portocarrero o El odio y el perdón en el Perú editado por Claudia Rosas, entre otros, en https://www.fondoeditorial.pucp.edu.pe/67-acceso-abierto

         Museo del Prado en redes

Muchos museos de Europa también están cerrados por la cuarenta; sin embargo, han preparado material audiovisual para compartir en sus redes sociales. Así lo hace, por ejemplo, el Museo de Prado desde su cuenta de Instagram. Son transmisiones en vivo desde el interior del museo con las explicaciones de las principales piezas de arte por parte de los curadores del museo y especialistas.

Un chat amigo