Una mujer andina que supo erigirse en guerrillera heroica fue la jaujina Leonor Ordóñez Surichaqui (1837-1882), luego de haber vivido en carne propia la experiencia militar de la defensa de Lima, en las batallas de San Juan y Miraflores (13 enero 1881), donde participó como "rabona" de su esposo, el soldado quechuahablante Felipe Vilcahuamán, a quien vio morir "repasado"en el campo de batalla por las bayonetas de las hordas invasoras y dio una improvisada sepultura.
La futura guerrillera de Huancani (Jauja) aprendió en el campo de batalla las elementales reglas de la guerra de resistencia y luego de la derrota en San Juan y Miraflores emprendió retorno a su tierra, con la idea fija de participar en acciones de resistencia contra los invasores, lo que hizo realidad luego de conocer que el general Andrés Avelino Cáceres, se había trasladado al Valle del Mantaro para iniciar una guerra de resistencia contra los invasores.
Las fuerzas chilenas de ocupación, al enterarse de la presencia de Cáceres en Valle del Mantaro y de que estaba organizando la resistencia, disponen el envío de la primera expedición al mando del coronel chileno Estanislao del Canto, para eliminarlo y a la par, imponer "cupos de guerra" consistente en ganado, principalmente reses y caballos, cosechas, joyas y dinero e incluso la entrega de doncellas para satisfacer la lascivia de sus soldados. Del Canto terminaría meses después expulsado del Valle del Mantaro.
En Huancani
Los pueblos del Valle del Mantaro no dudaron en responder positivamente al llamado del "León de la Breña" y en todas las localidades se alistaron columnas para conformar el naciente Ejército del Centro y salir al encuentro de los depredadores.
Uno de estos pueblos fue Huaripampa (Jauja), donde el párroco Buenventura Mendoza, tomó la iniciativa de convocar a los habitantes de los pueblos de la zona a organizarse para resistir a los depredadores, que se sabían estaban realizando incursiones en toda la región para imponer "cupos de guerra" a sus habitantes.
Leonor Ordóñez residía en el vecino distrito de Huancani, también ubicado en Jauja, y al conocer el llamado de cura Mendoza, con el apoyo del agente municipal Norberto Santos y del teniente gobernador León García, formó una columna de 41 jinetes que pelearían por primera vez como guerrilleros.
Los historiadores jaujinos recuerdan que ante las noticias de la inminente incursión de la expedición de Estanislao del Canto, Ordóñez reunió al pueblo a una asamblea pública, donde los instó a organizarse en una unidad guerrillera para combatir a los invasores que se encontraban en camino.
"Compoblanos, la hora ha llegado de vengar los asesinatos y robos cometido por estos miserables forasteros contra los bienes y las propiedades de nuestros hermanos en nuestra región", les dijo en medio de los gritos "Viva el Tayta Cáceres" y"Muerte a los invasores".
El combate
Ordóñez consiguió de rodearse de 40 guerrilleros jóvenes, entre ellos cinco mujeres, decididos a enfrentarse a los invasores, y dispuso que los niños, ancianos y mujeres que no se encontraban en aptitud combativa, sean reubicados en lugares alejados y seguros para evitar que sean víctimas de la barbarie de los invasores.
Los patriotas en realidad carecían de fusiles de guerra y excepcionalmente tenían algunas escopetas. Sus armas de combate estaban conformadas principalmente por lanzas, hondas, palos y rejones, encaminándose al combate en medio de antiguos cánticos guerreros.
El 22 de abril de 1882, en horas de la tarde, salieron de Huancaní con dirección a Huaripampa, ubicada a pocos kilómetros de distancia, para ponerse a órdenes del cura Buenaventura Mendoza. Al encontrarse su columna a la altura de Antoshpampa divisaron al regimiento de invasores, al mando del coronel chileno Gutiérrez que venían por la ruta de Atishi.
La columna invasora estaba conformada por 400 soldados, distribuidos en 04 compañías de infantes, una de caballería y dos cañones Krupp.
Los breñeros se dispusieron a atacarlos sorpresa y cuando los tuvieron cerca, el corneta Pedro Tiza, por orden de Ordóñez, tocó la ronca orden musical de combatir y se lanzaron al ataque.
Holocausto
Los invasores no duraron en usar sus cañones para neutralizar a los combatientes. Pero, estos lejos de espantarse por las explosiones se lanzaron de lleno a dispararles con sus escopetas y atacarlos con sus lanzas, machetes y rejones.
Los combatientes fueron puestos fuera de combate. Un grupo sobreviviente, con Ordóñez a la cabeza siguió en guerreando a pesar de que era evidente que no tenían ninguna posibilidad de revertir la situación. Leonor Ordóñez fue tomada prisionera, sometida a torturas y presionada a desertar y hacer filas entre los invasores, y ante cada exigencia, ella contestaba: "Viva el Perú".
El depredador dio la orden de su fusilamiento. La combatiente, de pie, sin mostrar signos de arrepentimiento, gritó por última vez:"Viva el Perú", mientras la descarga de los fusiles derrumbaban su pequeña humanidad.
Los invasores, en represalia, arrasaron Huancaní. La iglesia y la agencia municipal fueron saqueados e incendiados, seguidamente hicieron lo mismo con las viviendas del pueblo y luego se trasladaron al pueblo de Sincos donde reprodujeron sus acciones de pillaje.
En memoria de Leonor Ordóñez, el antiguo distrito de Huancani, donde nació y guerreó contra los invasores chilenos, fue rebautizado con su nombre. La ley número 410 emitida por el gobierno del presidente Augusto B. Leguía, el 20 de setiembre de 1920, reconoce su heroicidad y muerte en combate y ordenó el traslado de sus restos mortales en la Cripta de los Héroes, a donde fueron conducidos recién en 1988.
Heroicidad del cura peruano Buenaventura Mendoza en Huaripampa
En el mismo 22 de abril de 1882, la expedición chilena invasora, antes de arrasar con la columna de Leonor Ordóñez, había puesto fuera de combate a 20 jinetes de la columna del sacerdote Buenaventura Mendoza en Huripampa, luego de tres horas de combate.
Mendoza sobrevivió herido en una loma, donde se atrincheró, pero fue cercado y finalmente capturado vivo. El propio coronel chileno Gutiérrez se encargó de torturarlo y de intimarlo a dar vivas a Chile a cambio de perdonarle la vida. Pero Mendoza desafiante le gritó en pleno rostro: "Viva el Perú, mueran los invasores". Fue puesto de pie y fusilado.
Los sobrevivientes que se habían refugiado en las alturas, bajaron y reunieron los cadáveres de sus compañeros caídos y les dieron sepultura en el mismo Huancani.
Los historiógrafos han establecido que los resistentes de Huaripampa encabezados por el sacerdote Buenaventura Mendoza, fueron sobrepasados por la superioridad bélica de la división enemiga, compuesto de 400 soldados organizados en cuatro compañía de infantes, una de caballería y dos cañones "Krupp".
La actividad depredadora de la expedición invasora ocurrió cuando el general Andrés Avelino Cáceres aún no terminaba de constituir el Ejército del Centro. El "Tayta", apenas culminó esta tarea, lanzó una contraofensiva contra Del Canto y lo castigó duramente, tres meses después, en las batallas de Marcavalle, Pucará y Concepción. Lamentablemente, no existen registros fotográficos de las imágenes de Leonor Ordóñez y Buenaventura Mendoza, excepto representaciones pictóricas, en realidad bastante modestas.

