Mostrando entradas con la etiqueta Campaña de La Breña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Campaña de La Breña. Mostrar todas las entradas

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Breñeros dan glorioso escarmiento a chilenos en la Batalla de Concepción


redactor: Víctor Alvarado
El mismo 09 de julio de 1882, en que la III Columna del Ejército del Centro, al mando de Andrés Avelino Cáceres, en maniobra envolvente eliminó a más de 200 invasores en Marcavalle y Pucará, la I Columna, jefaturada por el coronel Juan Gastó, siguiendo el plan diseñado por el "Brujo de los Andes", cayó en la tarde sobre Concepción para aplastar a los invasores, dirigidos por el capitán chileno Ignacio Carrera Pinto, sobrino del presidente Aníbal Pinto, el iniciador de la invasión chilena.
Gastó lanzó las acciones durante el día 09 y continuadas el día 10 por el jefe guerrillero Ambrosio Salazar. El regimiento de Pinto esperaba en esta plaza al coronel Estanislao del Canto, jefe de la expedición chilena, para fugar juntos de regreso a Lima. A continuación, leamos las memorias del propio Cáceres sobre el asalto patriota a Concepción, que significó la eliminación de un regimiento de 76 invasores, entre ellos el propio Carrera Pinto:"Aquel mismo día, alrededor de las tres de la tarde, las fuerzas del coronel Gastó atacaron al destacamento chileno acantonado en Concepción: una compañía del batallón Chacabuco".
"Los chilenos no habían advertido la marcha de los nuestros por las alturas. Mas, al avistarlos, cuando ya descendían por las agrias laderas, corrieron a apostarse en las bocacalles de la plaza. Y allí opusieron obstinada resistencia a las primeras acometidas de los guerrilleros, causando a estos numerosas bajas, pero sin lograr rechazarlos. Al contrario, abrumados luego por las reiteradas embestidas guerrilleras, retrocedieron precipitadamente a guarecerse en un antiguo caserón conventual, donde también acuartelaban.
"Y, parapetados en el soportal del derruido edificio y ventanas de la contigua iglesia, renovaron porfiada resistencia. Y aunque su nutrido y certero fuego de fusilería producía terribles estragos en las filas de los asaltantes, estos, incesantemente reforzados, mantenían su impulso arrollador; y la lucha cobraba, por momentos, feroz encarnizamiento.
"Extinguiéndose ya el día comenzó a declinar también la refriega. Pero el improvisado reducto estaba ya completamente cercado. A pesar de todo, el enemigo continuó defendiéndose con inaudita fiereza, hasta que la niebla y la oscuridad envolviendo el campo tornó la brega en intermitente tiroteo.
"Y así, ambos adversarios, con el alma en vilo, se mantuvieron en acecho toda la luctuosa noche, hasta que poco antes de amanecer del 10 de julio, los guerrilleros, testigos y víctimas de los crueles atropellos, saqueos, violaciones e incendios de los chilenos, les dieron un furioso asalto, del cual no se salvó ni uno solo de los 76 hombres que componían el destacamento enemigo.
Retirada de la división de Del Canto
"El día 10 reanudé la marcha sobre Huancayo, resuelto a continuar la lucha; pero Del Canto había evacuado ya la población, dirigiéndose a Jauja. El enemigo, en su fuga, incendió los pueblos de Concepción, Matahuasi, Matamalzo, Ataura y San Lorenzo, asesinando al paso a multitud de indefensos pobladores.
"Al retirarse de Jauja los chilenos, se disponían a saquear la ciudad, cuando de improviso les cayeron los guerrilleros de Concepción; por lo cual, sin tiempo para realizar sus fechorías dejaron la población y se encaminaron a Tarma.
"El 15, por la noche, después de un ligero encuentro entre las guerrillas de nuestra vanguardia con la retaguardia enemiga, cuyo grueso se hallaba ya en Tarma, llegué a Tarmatambo, una legua distante de aquella ciudad.
"Este era el momento propicio para lanzar un ataque resolvente con el grueso de mis fuerzas, y así lo concebí al instante. Pero, juzgando en seguida que un combate reñido en tales condiciones iba a traer como consecuencia la destrucción de la ciudad, opté por asediar al enemigo, cerrándole todas las avenidas y obligándole a hacer frente a los amagos e incursiones de los guerrilleros. Por otra parte, no me daba prisa en atacarle esperando el aviso del coronel (Manuel Máximo)Tafur, (al mando de la II Columna del Ejército del Centro) de haber cortado el puente de La Oroya.
"El día 16 envié un pequeño destacamento por las alturas de San Juan de la Cruz que dominan la ciudad de Tarma por el noreste, donde enzarzó en gresca con un destacamento contrario, al que causó algunas bajas, haciéndole retroceder hacia la población.
"Luego ordené marchar hacia Acobamba, a dos leguas al norte de Tarma, a un destacamento de guerrilleros que, unido a los de aquel pueblo, debía cerrar también el paso al enemigo, el cual hasta el día 17 permanecía en la ciudad, sin dar señas del propósito de abandonarla. En la tarde del mismo día, dispuse que la segunda división y el destacamento guerrillero de San Jerónimo fueran a ocupar las alturas que dominan Tarma, sobre el camino que sale por La Oroya. Avisados los chilenos de la presencia de estas fuerzas en dichas alturas, midieron el inminente peligro de que fuera cortada su retirada hacia Lima.
"Y emprendieron la fuga inmediatamente, en la noche del 17, tomando las mayores precauciones para no ser sentidos. Fue la tal retirada favorecida no solo por las sombras de la noche, sino también por la densa neblina que en la mañana del 18 cubría la campiña, impidiendo distinguir los sitios en donde instalaban los días anteriores sus puestos avanzados. De otra suerte, hubiérase advertido la ausencia de tales puestos en la madrugada misma del 18 y se habría practicado un reconocimiento a fondo hasta la ciudad y dispuesto la persecución. Los escuchas apostados en las alturas que bordean el angosto y hondonado camino, tapizado de nieve, por el cual se deslizaban furtivamente las tropas enemigas, no pudieron verlas ni menos oír el paso de su silente marcha nocturna.
"Se ignoró pues, la escapada de los chilenos hasta eso de las siete de la mañana, en que disipándose ya un tanto la niebla, se me dio el consiguiente parte. Inmediatamente con lo más escogido de mis tropas y destacamentos guerrilleros, emprendí la marcha en su seguimiento. Creí alcanzarle en La Oroya y allí batirle. Pero al llegar jadeante a dicho lugar, ya Del Canto había cruzado el puente, haciéndole volar en seguida, para asegurar su retirada. (NdeR: Tafur debía haber llegado primero para volar el puente e impedir la fuga de Del Canto, pero llegó tarde).



"Tafur no había cumplido la misión que se le encomendó, y el puente de La Oroya quedó libre para el paso de los chilenos.
"Mi propósito de encerrar a la división de Del Canto en el valle del Mantaro y destruirla, habíase, por cierto frustrado.
"Sin embargo, se consiguió expulsar al enemigo del departamento de Junín, tras infligirle una serie de derrotas (Marcavalle, Pucará, Concepción) y acosarle durante nueve días consecutivos (desde Marcavalle hasta Tarma), sin dejarle punto de reposo.
"En cuanto al proyecto operativo propiamente tal, no obstante su magnitud y la desproporción de tropas regulares con respecto a las del enemigo, habría alcanzado el éxito deseado, de no haber ocurrido el infortunado contratiempo de Tafur.
"La atropellada retirada de la división chilena tuvo todos los caracteres de una desastrosa fuga. Perdió mucha gente y dejó abandonados por doquier rifles, municiones y equipos, así como ganado vacuno y bestias de silla y de carga; todo lo cual fue recogido por los nuestros y oportunamente aprovechado.
"Siéndome imposible seguir adelante, regresé a Tarma, donde asenté mi cuartel general, deplorando que mi plan concertado en Izcuchaca e iniciado con tan halagüeñas perspectivas, no llegase a su cabal realización.
"Luego hube de dedicarme a la tarea de reorganizar mi diezmado ejército, que ya no sumaba sino 890 hombres de tropa regular y 500 guerrilleros.
"La indignación contra los chilenos cobró considerable incremento e intensidad entre los naturales de los pueblos comarcanos, a causa de los atroces crímenes que aquellos cometieron durante su fuga a Lima. La huella de su paso estaba tétricamente señalada por la multitud de cadáveres de pacíficos e inermes pobladores, cruelmente victimados, y por las violaciones, la depredación y el saqueo. Y por todas partes surgían guerrilleros, dispuestos a luchar sin cuartel contra el odiado invasor".


Marcavalle y Pucará extraordinarias victorias de la Campaña de La Breña



La Tercera Columna del Ejército del Centro los sorprendió en plena fuga luego de cinco meses de depredaciones y asesinatos impunes en las provincias del Valle del Mantaro.
Victor Alvarado
En junio de 1882, luego de un año y dos meses de haber abandonado su refugio de la iglesia San Pedro, el general Andrés Avelino Cáceres ya había constituido el Ejército del Centro y sembrado de guerrillas a lo largo y ancho del valle del Mantaro, y librado un sinnúmero de acciones victoriosas que a los ojos del invasor aparece como un guerrero temible, al que se proponen eliminar.
En este lapso, el Valle del Mantaro ha sido objeto de una primera expedición al mando del teniente coronel chileno Ambrosio Letellier, quién priorizó la imposición de cupos y extorsiones antes que centrarse en la caza de Cáceres, a causa de lo cual fue enjuiciado, dado de baja y condenado a prisión en Chile. Ante su fracaso, el gobierno de ocupación manda una segunda expedición al mando del coronel Estanislao del Canto.
La segunda expedición invasora inició sus operaciones en febrero de 1882, cuando ya el nuevo Ejército de la Breña estaba mejor constituido y en condiciones de presentar combate.
Del Canto en la mira
Del Canto pronto se sintió vapuleado por la resistencia breñista y la inclemencias climáticas y resolvió retornar a Lima. Cáceres resolvió darle un escarmiento, pues el nuevo ejército ya contaba con 1.300 soldados y 3,000 guerrilleros, organizados en tres columnas, aunque con muchas limitaciones en armamento, pero con un elevado espíritu de combate y dominio táctico y estratégico del terreno.
La fuerza invasora estaba compuesta por 3,000 soldados que desde febrero ocupaban la región central. Cáceres se dispuso a rodearlo por todos los flancos para castigarlo por los crímenes y depredaciones cometidas contra un sinnúmero de pueblos indefensos del Valle del Mantaro.
Plan de ataque
La estrategia de Cáceres consideraba encajonar a la expedición invasora mediante un doble movimiento de rodeo, cortándole la retirada a la costa y golpearla por partes, en razón a que se hallaba diseminada en un largo tramo del Valle del Mantaro por donde huía hacia la capital. El cumplimiento de este plan lo llevó a organizar su ejército en tres columnas.
La primera, conformada por el Batallón Pucará No. 4, las columnas guerrilleras de Comas, Libres de Ayacucho y Andamarca, fracciones del Batallón América, al mando del coronel Juan Gastó, debía marchar por el sector derecho de las alturas del Mantaro, ingresar al pueblo de Comas y caer sobre Concepción y aplastar aquí a la avanzada de invasores que se encontraban en espera de la columna de Del Canto para proseguir la marcha a Lima, La segunda, compuesta por un batallón de regulares y un destacamento guerrillero, al mando del coronel Manuel Máximo Tafur, debía avanzar hacia el oeste, pasar por Chongos y Chupaca y caer sobre La Oroya, atacar a la guarnición chilena y destruir el puente de este lugar para impedir la salida de los invasores del Valle del Mantaro.
La tercera, conformada por los batallones Zepita, Tarapacá, Junín e Izcuichaca, y por los destacamentos de guerrilleros de Acoria, Colcabamba, Huando, Acostambo, Pillichaca, Huiaribamba, Pampas, Pazos y Tongos, al mando del propio Cáceres, debía ocupar las alturas de Tayacaja, ganar luego las de Marcavalle y caer sobre las tropas de la 4ta. Compañía del Batallón Santiago del 5to. de Línea, que tenían como jefe al capitán Diógenes de la Torre y estaban acampadas en este lugar.
La contraofensiva de Cáceres era de conocimiento del Ejército de Ocupación, cuyo jefe Patricio Lynch, desde la capital, había ordenado a Del Canto a retornar cuanto antes para evitar el descalabro total de sus fuerzas.
El Ejército del Centro llegó en la tarde del ocho de julio de 1882 a las alturas del cerro Curacán que dominan Marcavalle, donde los patriotas pernoctaron, luego de haberse desplazado por los pueblos de Pazos, Ascotambo, Acoria, entre otros. El 09 de julio, a las cinco de la mañana, aun en la penumbra, los soldados se sirvieron un frugal rancho y ocuparon sus puestos de combate en medio de un severo silencio.
Apenas clareó, Cáceres dispuso el inicio de las acciones de un ataque simultáneo de la compañía del Batallón Tarapacá que se trabó en combate y anuló a las avanzadas chilenas. La pequeña artillería compuesta por cuatro cañones desde las alturas del cerro Curacán sembró el desconcierto y cobró las primeras víctimas entre los sorprendidos invasores que a esa hora aún se desperezaban.
En vista del avasallamiento de que estaba siendo objeto en Marcavalle, el capitán chileno De la Torre ordenó la retirada a Pucará, a cinco kms. de distancia, donde acampaba otro grueso de sus fuerzas.
Los invasores soportaban en ese momento el ingresó por las alturas de la izquierda de contingentes de la II División peruana, conformada por los guerrilleros de Acoria, Colcabamba, Huando, Acostambo, Pillichaca y tres piezas de artillería; y por la derecha por la escolta de Cáceres, los batallones Zepita e Izcuchaca y los guerrilleros de Pazos y Tongos, y frontalmente, se sumaban el Tarapacá , la primera columna de Pampas y los guerrilleros de Huaribamba.
Los fugitivos chilenos llegaron en a Pucará en pos de auxilio, donde el contingente local, formado por la 2da. y 3ra. Compañías del 5to. de Línea, al mando del capitán Pedro Pablo Toledo, trató inicialmente de presentar batalla. Desbande enemigo
Pero, fueron disuadidos por la fulminante arremetida peruana, alimentada por la incorporación en esta localidad de las fuerzas del comandante Gálvez, comandante general de las guerrillas y jefe de la columna Voluntarios de Izcuchaca, así como de los destacamento guerrilleros de Domingo Cabrera, Segura y otros jefes, que les cayeron por la espalda, empujándolos hacia las tropas peruanas que venían de Marcavalle.
Los invasores abandonaron Pucará en desbandada dejando armas, municiones y la caja del batallón, y se dirigieron a Zapallanga, donde luego de una rápida evaluación deciden fugar a Huancayo, donde se hallaba la sede del regimiento invasor Chacabuco, cuyo jefe, Estanislao del Campo, al ser informado de la ofensiva contra el batallón Santiago, salió con el grueso de sus tropas a recibirlos en el caserío de La Punta, una legua al sur de Huancayo, con lo cual los salvó de ser rematados por el Ejército del Centro.
Cáceres en sus memorias recuerda la dimensión de la victoria peruana en Marcavalle y Pucará: “Las pérdidas sufridas por el enemigo fueron de consideración. Entre muertos y heridos pasaron de 200. Dejaron en nuestro poder unos 200 fusiles y sus municiones, la caja del cuerpo, una bandera, caballos, vestuario y otros despojos de guerra”. Siguiendo una tradición peruana, nunca practicada por los invasores, Cáceres ordenó enterrar a los enemigos caídos en el campo de batalla y al constatar que entre ellos se encontraban un jefe y cinco oficiales, dispuso darles sepultura especial y rendirles los honores correspondientes.
A Concepción
Del Canto tenía planeado ese día 09 emprender viajar a Concepción, pero por el temor de sufrir un ataque nocturno por parte de Cáceres suspendió su repliegue hasta el día siguiente. Una avanzada del regimiento Chacabuco, al mando del mayor Pedro César Quintavalle que había salido con rumbo a Concepción, donde se encontraba estacionada la 4ta. Compañía del 6to. de Línea, decidió igualmente pernoctar, por el mismo temor, en San Jerónimo, a cinco kilómetros de su meta.
Si no se hubiera detenido, habría llegado a Concepción a las 4 ó 5 de la tarde, en momentos que el ataque del coronel Juan Gastó y los destacamentos guerrilleros a la 4ta. Compañía chilena recién comenzaba. Haberse quedado en San Jerónimo facilitó que las fuerzas peruanas exterminaran a los invasores acantonados en Concepción.


martes, 4 de marzo de 2014

Combate de Sierralumi

Ernesto Linares Mascaro
El motivo para escribir este artículo es que hoy se recuerda el combate de Sierralumi, un triunfo peruano que tuvimos en el lejano 1882 durante la Guerra con Chile. La importancia del combate radica en que el ejército chileno no fue vencido por el ejército peruano, sino por un grupo de pobladores unidos por amor a la patria.
sierralumi
Sierralumi
 Yo he estado en el lugar del combate y es uno de los lugares más bellos que he visitado, tanto así que creo necesario promocionar un recorrido turístico a Sierralumi -lugar conocido por sus pequeñas cascadas que caen desde las alturas-, al vecino pueblo de Comas y el recorrido desde la ciudad de Concepción hasta Sierralumi, pues todo ese camino muestra lo mejor del paisaje andino, como la laguna de Pomacocha (4,484 msnm). El camino es una via bien asfaltada que parte desde Concepción (al norte de Huancayo) y llega a Satipo. Comas está a una hora de Concepción.
ruta Concepcion Sierralumi
Uno de los paisajes en la ruta Concepción - Sierralumi

laguna Pomacocha
Laguna Pomacocha
El ejército chileno había invadido el departamento de Junín a inicios de 1882. El ejército del general Andrés A. Cáceres se había retirado a Ayacucho, tras vencer a los chilenos en el combate de Pucará (05/02/1882), ocupando los chilenos las poblaciones desde Cerro de Pasco hasta Huancayo.
El lugar del combate, Sierralumi, es un desfiladero en donde había un angosto camino de herradura, por donde pasó la expedición chilena montada a caballo. Los peruanos atacaron a los chilenos desde las alturas arrojando piedras (galgas), venciéndolos. Yo pienso que las piedras no fueron de gran tamaño, sino de un tamaño regular como para ser piedras lanzadas con la mano, pues en la zona no encuentro piedras de un tamaño como para ser rodadas.
Una interesante versión de este combate la cuenta Juan P. Salazar, que dice lo siguiente:
“El Jefe del ejército chileno, acantonado en Huancayo, destacó parte del "Escuadrón Yungay", á órdenes de dos distinguidos oficiales de su ejército, el capitán Fernando Germain y el teniente Ildefonso Alamos, para que expedicionasen sobre la hacienda Runatullo, situada al oriente del pueblo de Comas, á extraer reses de dicha hacienda, no sólo para el consumo del ejército enemigo, sino también para vender á los extranjeros, quienes aprovechando de las desgracias de nuestra patria, combinaban grandes negociaciones con los invasores. El italiano Luis Loero fué el guía de esa expedición.
En la mañana del 24 de febrero del 82, se presentó en la población de Comas, un piquete del "Escuadrón Yungay", compuesto de cuarenta hombres; el jefe de la expedición Germain, exigió de pronto rancho para esos individuos, que se les proporcionó sin dilación alguna, y después de consumido, siguieron su derrotero sin decir una palabra acerca del objeto de comisión, ni adonde iban, ni cuando regresarían; solo se limitaron á encargar que, para su regreso, preparasen rancho agradable y abundante.
A raíz del avance de los expedicionarios, el pueblo reunido en comicio popular, nombró por aclamación Comandante Militar de la plaza al estudiante Salazar y Márquez, por haber manifestado éste desde su arribo á aquel pueblo, el 8 de febrero, que urgía organizar fuerzas y reunir armas, para un á taque sorpresivo á la guarnición araucana de Jauja o de Concepción. Se resolvió en ese momento, por opinión unánime del pueblo y sobre todo su jefe, presentar combate al destacamento á su regreso. Cualquiera que fuese el éxito que se obtuviera.
La primera medida adoptada por el jefe de la plaza, para estar al corriente del camino que tomaría el enemigo á su regreso, fué enviar chasquis detrás de éste, á conveniente distancia, siguiéndoles las pisadas hasta el término de su viaje, con la misión de transmitir, á su vez, las noticias á otros que, á distancia equidistantes, se iban ubicando en toda la extensión del trayecto, á medida que avanzaba el enemigo en su itinerario. Necesitaba el jefe de la plaza tener dato seguro sobre la ruta de la vuelta, para improvisar trincheras en los sitios más estrechas del tránsito. Podían haber optado al regreso cualquiera de las tres vías que dan acceso á esa región.
Con el procedimiento que se adoptó, se había establecido una línea telegráfica, á usanza del tiempo incaico, que dió proficuos resultados.
Los chasquis anunciaron al cuarto dia, que los chilenos regresaban por el mismo camino que los había conducido, trayendo un respetable contingente de reses y caballos; desde luego ya hubo base para construir trincheras, situar piedras para galgas y contar casi con el triunfo, porque, inevitablemente, tenían que volver á pasar por Sierralumi, especies de horca caudina.

quebrada sierralumi
Vista de la quebrada desde Sierralumi
El desfiladero de Sierralumi tiene más de un kilómetro de largo, de camino estrecho cortado á pico; por el pie corre un río de mucho caudal en invierno, á 200 metros, antes de llegar al puente del río, para pasar al pueblo de Comas, se levantó una trinchera doble, toda de piedra destinada para los expertos tiradores, capitaneados por Manuel Arroyo.
La parte alta del camino estrecho es un despeñadero de varios centenares de metros de extensión, abundante en piedras de todo volumen; allí se colocaron cincuenta hombres con objeto de hacer funcionar las galgas, luego que los chilenos tropezacen con la trinchera preparada, porque era de esperarse que las reses y los arreadores, que venían fraccionados, estuviesen ya todos dentro de la quebrada, encerrados como en un cartabón.
Así sucedió en efecto. Entre las malezas del otro lado del puente, para ascender ya á Comas, se emboscaron convenientemente treinta hombres con rifles Minié, bien provistos de municiones.
Dispuestas así las cosas, hasta el primero de marzo, sólo esperaban que los enemigos ocupasen toda la quebrada que, desde las once del dia del dos, principiaron á descender; alas once y veinte minutos, por señal convenida, hicieron funcionar las galgas, en cuanto el capitán de la trinchera y sus compañeros iniciaron los fuegos de fusilería, en la trinchera levantada en pleno camino, pero en lugar estratégico.
El efecto producido por las galgas fué desastroso para los enemigos, quienes rodaban al abismo que se extiende al pie del ya mencionado camino cortado á pico, arrastrados por las mismas reses selváticas que, al ruido de las piedras que, al desprenderse una por lo empinada del cerro, arrastraba diez en su caída; prodújose un torbellino espantoso, que, en ménos de veinte minutos, quedaron inhabilitados para el combate de fusilería; más de la tercera parte del destacamento chileno, entre éllos Germain, con las piernas fracturadas. Los que venían atrás y los que aún salieron ilesos de las galgas, optaron por abandonar sus cabalgaduras y las reses que arreaban, para desplegarse en guerrilla en la margen izquierda del rio, desde donde se empeñó un encarnizado combate con los comasinos emboscados entre los arbustos de la margen derecha; después de dos horas de continuada refriega, quedaron en el campo treinta y cinco chilenos y solo salvaron cinco, á uña de caballo y por caminos extraviados, incluso el teniente Alamo y el guía Loero.
El completo éxito de este combate generó, por decirlo así, la épica resistencia de la Breña, contra nuestros implacables enemigos; iniciada y sostenida por un pueblo patriota y su joven caudillo. Sin esta altiva y patriótica actitud, todo habría pasado sin protesta alguna, como en un pueblo envilecido, servilmente conquistado.
A fin de que, el capitán Germain y los suyos, cayesen cuando ántes á la trampa, se excogitó un ingenioso ardid, que rindió los más óptimos frutos; el cual consistió en lo siguiente: se colocaron sobre piedras, en la parte más visible de la plaza, cuatro grandes peroles llenos de agua, con fogatas de paja húmeda, que producían mucha humareda; con el preconcebido propósito de hacer creer á los invasores que el encargo sobre rancho agradable y abundante se cumplía al pié de la letra. En cuanto los rotos voltearon la cumbre del desfiladero, hacia Comas, se encontraron con ese hermoso espectáculo, a causa de que, desde aquella cumbre, se abarca el pueblo con la vista, en toda su extensión, por estar situado éste, en plano más bajo, sobre una pequeña colina. Ante perspectiva tan atrayente, los de Chile apresuraron su marcha, notablemente, y pronto se dio buena cuanta de ellos.
Los hijos de Comas, que colocaron con más eficacia, en la preparacion y ejecución del plan concebido por el jefe de la plaza, fueron los siguientes: Luis Chavez, José Gil, Manuel Arroyo, el cura Soto, José Manuel Mercado, Jerónimo Huaylinos, Nazario Valero, Venancio Valdez, Vicente Buendía, Baltazar Chavez, Isidro Muñoz, Mateo Garay, Pedro Medina, Venancio Martinez, Andrés Gonzales, Pablo Bellido, N. Huancauqui, José R. Paitampoma, Manuel de la O., Melchor de la O, Presentación de la O, Gregario de la O, Evaristo Solís y Facundo Mercado; todos los demás ciudadanos del distrito cumplieron tambien con su deber en aquel día de imborrable recordación.
El comandante militar de la plaza, el héroe adolescente, después de dirigir al pueblo una conceptuosa proclama, se ocupó de enviar, el parte oficial de ese hecho de armas, al jefe superior, político militar de los departamentos del Centro, que se encontraba en Ayacucho, á cincuenta leguas de distancia, del teatro de la resistencia: tan vigorosamente iniciada; el expreso Juan Yupanqui, conductor del documento oficial regresó á los veinticinco dias trayendo la contestación y la ratificacion del nombramiento, conferido en plebiscito á favor de Salazar, como comandante militar de la plaza, seis dias ántes del combate”.(1)
sierralumi
Sierralumi
Parece que los chilenos no tuvieron bien establecido cuál fue la fecha del combate. El coronel Estanislao Del Canto, comandante de la División chilena, escribió que fue el 3 de marzo, mientras el alférez chileno Ildefonso Álamos dice que fue el 6. A continuación, un extracto del parte oficial del Álamos:
“Como a las 10 de la mañana, bajamos la cuesta que hay frente al pueblo de Comas, yendo el señor Jermain y yo a retaguardia del arreo con el objeto de atender y observar la mejor manera la conducción del arreo.
En esta circunstancia, me vinieron a avisar que un paisano, que acompañaba nuestra tropa en calidad de guía, estaba herido. En el acto fui a cerciorarme de esto, y efectivamente encontré a dicho individuo en tierra como a la medianía de la cuesta; me bajé a observar su herida y preguntarle de qué le prevenía. En este instante se desprende de la altura una inmensa cantidad de “galgas” que me arrebataron mi caballo, varias mulas cargadas y gran número de los animales de arreo e hiriéndome a mí en la cabeza, golpe que me aturdió por algunos momentos.
Luego que hube vuelto de mi aturdimiento, traté de juntar mi tropa y empecé a ascender la cuesta para evitar así la gran lluvia de piedras. Una vez arriba, me encuentro con que el enemigo nos tenía cortados, razón por la cual resolví bajar a la quebrada e intentar tomar el pueblo, único recurso que en ese momento creí conveniente. Hicimos el descenso con mucho peligro.
Casi todos mis soldados tuvieron que echar pie a tierra para poder aprovechar mejor sus tiros y tratar de esquivar las galgas favoreciéndose en la orilla de la cuesta; por este motivo la mayor parte de los caballos se dispararon y fueron arrebatados por las piedras.
Una vez en la quebrada y visto el muy reducido número de soldados que me seguían, y encontrando el puente cortado, esperé la reunión de algunos más con los que traté de tomarme el pueblo, consiguiéndolo después de algún tiempo, a pesar de las dificultades del camino y de la resistencia que hacían los habitantes. Conseguimos, sin embargo  del inmenso peligro, ponernos al abrigo de las casas los pocos que llegamos arriba. A pesar de ser grande el número de cholos que estaban en el pueblo, armados de cuchillos, palos, sables, etc., no se atrevieron a atacarnos cuerpo a cuerpo, o más bien de frente, pero nos daban hondazos y tiros de mampuesto con rifle, con lo que consiguieron herirme dos soldados que me seguían de cerca. Convencido de la inutilidad de nuestro refugio en el pueblo, decidí tomar el camino conocido, arriesgando el todo por el todo. Nuestra salida del pueblo fue ordenada; dispuse que los heridos, que eran cinco, subieran en los tres únicos caballos que habíamos salvado. Una vez que la gente del pueblo vio que tomábamos el camino para retirarnos, coronó las alturas una inmensa muchedumbre que principió a hostilizarnos a nuestro paso, siguiéndonos de cerca por el camino gran número de individuos; estas hostilidades nos molestaron durante un trayecto de más de tres leguas. Yo hice la salida del pueblo a la cabeza de mi tropa; pero ya muy fatigado por el ascenso y descenso del caminó, monté a la grupa del caballo de uno de los soldados heridos, razón por la que me adelanté un poco del grueso de mi tropa…
… Anduve toda la noche; la nieve que no cesó de caer desde que oscureció y borró los senderos, y por algún tiempo divagábamos sin encontrarle, llegando por fin a Concepción como a las 2 de la mañana, donde di cuenta inmediatamente del suceso”.(2)
El coronel Del Canto en su parte del 4 marzo al contralmirante Patricio Lynch, dice que Fernando Jermain era empleado de la comisaría del ejército chileno y acompañó a la tropa voluntariamente. También menciona las siguientes bajas:
“El resultado de este desgraciado incidente, ha sido la pérdida del empleado de la Comisaría del Ejército don Fernando Jermain, que fué el primero que fué ultimado por una gran piedra; la muerte de los soldados de carabineros Anselmo Vasquez i Feliciano López; habiendo salido heridos los soldados del mismo cuerpo, Isidoro Cisterna, Domingo Alborquenqui, Serzo Hévia, Clodomiro Aliste, Nicanor Fuentes i Jose A. Quijada”.(3)
Finalizo este artículo con un extracto del parte oficial del comandante Ambrosio Salazar, jefe del grupo de peruanos en aquel combate:
“A las 9 a.m. del ventiseis de febrero ultimo, nos sorprendieron treinta y dos chilenos de caballería, con dos extranjeros mas, los que servían de guías á los primeros; despues de consumar sus atroces delitos y tomar almuerzo pasaron á donde se dirigían a cumplir el cometido que premeditaron con anticipación, á robar lo que en ella encontraron.
Fui llamado por el pueblo, para disponer la manera de recibirlos á su regreso; preparamos galgas, cayados y hondas, por que es todo lo que por aquí se encuentra y balas en poca cantidad.
El dos de Marzo regresaron trayendo un magnífico botín de rapiñas: consistía en 600 reses, 50 @ de mantequilla y menudencias; luego que llegaron al punto donde habíamos preparado galgas, las desprendimos sobre los enemigos, produjeron buen efecto, muy pocos huyeron en completa dispersión y heridos gravemente, les tomamos las reses, 28 caballos, las mantequillas y algunas armas.
Vuestro esclarecido criterio será el mejor termómetro para apreciar el patriotismo desplegado por mi gente; los admiradores de vuestras virtudes militares apoyan á V.E. el triunfo sobre nuestros aleves y felones enemigos; la gente de mi mando ántes prefiere quedar pulverizada, que permanecer impasible soportando por mas tiempo la opresión chilena ”.(4)

Comas
 NOTAS
(1) Archivo del Centro de Estudios Histórico Militares del Perú (ACEHMP). Manuscrito: “La resistencia de la Breña Durante la brutal conquista, llevada á efecto por las hordas de Chile, en 1882 y 1883”, por Juan P. Salazar, pp. 5-9.
(2) Estanislao Del Canto, “Memorias Militares”, edición y estudio militar de Alejandro San Francisco, pp. 162-164. Parte oficial de Ildefonso Álamos – Huancayo, 8 de marzo de 1882.
(3) Pascual Ahumada Moreno, “Guerra del Pacífico, recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referente a la guerra que han dado a la luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia, tomo VI, pp. 488-489. Parte oficial de P. Lynch al ministro de la Guerra – Lima, marzo 9 de 1882.
(4) El Registro Oficial del Departamento, Ayacucho, miércoles 10 de abril de 1882. Parte oficial de Ambrosio Salazar – Comas, marzo 12 de 1882.

Un chat amigo